EL BALCÓN DEL PUEBLO
El número de la cabra
EN LAS DOS últimas semanas el Partido Popular de Salamanca y de Valladolid han montado un guirigay contra el Gobierno con la excusa del traslado del Archivo de Salamanca a Cataluña. Una precisión obligada: se trata de un archivo nacional, no autonómico ni municipal. En el uso legítimo de sus atribuciones, el Gobierno puede y debe tomar decisiones. Es de su competencia. Poner en duda esto es tan elemental como imitar los desafueros de Carod-Rovira e Ibarretxe. Pero es que, además, el Gobierno de la nación previamente ha tenido sobre la mesa el informe de una comisión de expertos que avala la decisión de devolver una pequeña parte a la Generalitat de Cataluña, a la vez que potenciar el Archivo de Salamanca, que se convertirá en el sancta santorum histórico y científico sobre la gerra civil española. Desde el Ayuntamiento de Salamanca y desde la Junta de Castilla y Léon se ha descalificado a esa comisión de expertos. Han recitado toda una letanía de insultos al Gobierno y a su presidente, José Luis Rodríguez Zapatero. El propio titular de la Junta de Castilla y León, Juan Vicente Herrera, en alarde verbal de necio, les ha llamado pesebreros. Uno no puede menos que enconder su tristeza y lamento al oir estas palabras del presidente regional sobre, por ejemplo, Mayor Zaragoza. Hay que recordar a Juan Vicente Herrera que en la comisión de expertos nadie votó en contra. Ni siquiera los miembros propuestos por la Junta de Castilla y León y por el Ayuntamiento de Salamanca. Por otro lado, no hay más que repasar la lista para comprobar que la mayor parte de la clase política autonómica, a su lado, son anafalbetos funcionales. El falso debate sobre el archivo se está instrumentalizando por el Partido Popular para fomentar enfrentamientos entre autonomías y el Gobierno central. No dudan, incluso, en recurrir a un corregidor como el de Salamanca, Julián Lanzarote, que parece clonado de su ex colega de Marbella, el nuevo amor de la Pantoja. Un corregidor que nos recuerda los peores momentos de los Morano, Peña y Jambrina, especímenes zoológicos expertos en montar el número de la cabra sin escalera, trompeta ni pasodoble. Así no se va a ningún lado, por muchas vallas y bolardos que se coloquen, aunque lleguen a ser foto de primera página en los medios más retranqueados. Pero los años estrenan el brillo de los metales y no esconden sus lutos negros. Se repiten como la historia. Este 2005, con algarabía de euros en la comarca de Cistierna, ya nos dejó las muertes de Olegario Rodríguez Cascos, un hombre azulón, bondadoso y de servicio. Era un fervoroso defensor de la cadrilada. Colaboró con este periódico para potenciar uno de los deportes ancestrales: los aluches. El otro adiós fue de Elías Álvarez Robles, de la saga-fuga del molinero de Carbajosa. Los dos eran octogenarios. Elías, además de buen luchador y contertulio, era un manitas del torno y la madera. Conservo como reliquias dos bastones que me regaló hace poco tiempo. Serán como mi tercera pierna cuando, inexorablemene, la fatiga me doble. A Olegario y a Elías se los llevó por delante estas semanas de fríos, nieblas y desamores. Lo que no podrá arrebatarnos es su recuerdo.