LA VELETA
¿Qué nación?
NO ME gusta la política autonómica de José Luis Rodríguez Zapatero. Me parece que el Presidente está erosionando el Pacto Constitucional al que tanto trabajo costó llegar. Y lo está erosionando por esa actitud suya, que a veces parece impostura, de dejar que sean los demás los que digan lo que quieren, mientras él dice lo mismo y lo contrario dependiendo del momento y del lugar. La verdad sea dicha, Zapatero metió la pata cuando afirmó que aceptaría cualquier reforma estatutaria que le llegara consensuada desde Barcelona. Algunos dirán que pecó de ingenuo, pero vista la deriva de su política, hay que ser ingenuo para creer que Zapatero es ingenuo. Lo que están planteando los socialistas catalanes provoca preocupación y rechazo en el resto de España, incluidos muchos sectores del propio PSOE. No son baladíes las reflexiones de Alfonso Guerra, José Bono o Manuel Chaves. Mientras, desde Cataluña los socialistas catalanes insisten en que en su futuro Estatuto figure que Cataluña es una nación, y alegan que eso está dentro de la Constitución. Pues no, no lo está, y no lo está porque si Cataluña es una nación, ¿entonces qué pinta dentro de otra nación que es España? Los nacionalistas catalanes, y la cúpula del PSC es más nacionalista que socialista, quieren, por la vía de los hechos, conseguir que a Cataluña apenas la una un hilo a España. En mi opinión, los resultados del Gobierno tripartito están siendo nefastos porque están creando más problemas de los que resuelven. Su gestión es más que discutible, porque Maragall y Carod están más preocupados en cuestiones identitarias que en resolver los problemas reales de los ciudadanos. Así pierden el tiempo decidiendo que a la próxima Feria del Libro de Frankfurt sólo acudan aquellos escritores que lo hacen en catalán, en vez de dar respuesta a las demandas de los vecinos de El Carmel. Y así podríamos continuar con multitud de ejemplos. Pero además de gobernar mal para los catalanes, se han embarcado en una operación que consiste en forzar la Constitución al límite de transformarla por la puerta de atrás, y lo peor es que Zapatero sonríe y no dice nada. El mapa autonómico estaba estable antes del Gobierno Zapatero, y ahora volvemos a tener «problema autonómico» por la política caótica, errática e inconsecuente del presidente. Y es absolutamente frívola esa pretensión de Zapatero y de algunos de sus ministros de que tanto da definir Cataluña como nación que como nacionalidad. Las palabras significan lo que significan por mucho que Zapatero diga lo contrario. No, no me gusta la política autonómica de Zapatero, me parece que está creando más problemas de los que resuelve.