EL RINCÓN
La gran fuga
LA DESTRUCCIÓN de Irak era un requisito previo para poder reconstruirlo. La primera fase exigía enormes gastos, aunque se confiaba en que la segunda los resarciría con creces, pero ya se sabe que incluso los negocios mejor planteados salen mal en ocasiones. La fase inicial del programa se está prolongando más de lo previsto. No sólo continúan los atentados suicidas, sino que crecen los llamados «insurgentes», o sea, los que no se sienten complacidos al ver tanques con bandera extranjera por sus calles y sus plazas, o por lo que queda de ellas. Esta dilación está posponiendo lo que era un negocio seguro: la sustitución de los misiles por los ladrillos. Pero lo peor no es eso, sino que el dinero para la reconstrucción ha hecho lo que no pudo hacer Sadam Husein: fugarse. Hay orden de busca y captura para los más de 8.000 millones de dólares del programa Petróleo por Alimentos. Los fondos siempre tienen tendencia a desviarse. No es que se hayan evaporado, sino que están contribuyendo a la solidez económica de algunas personas. Es muy difícil seguirle la pista al dinero con perros amaestrados porque el dinero no tiene olor. Lo recaudado en las conferencias de donantes de Madrid, Tokio y Bruselas tiene que estar en alguna parte, pero los auditores no saben en realidad dónde. Siempre pasa lo mismo con los donativos, ya sean lo que se destinan a las víctimas de los terremotos o para los de las inundaciones. No digamos para esa otra catástrofe natural que es la guerra. La comunidad internacional había prometido 60.000 millones de dólares y Estados Unidos se comprometió a la mitad de esa cifra, pero parece que lo que no se ha ido en fraudes se está yendo en seguridad. Acabarán declarando desertor al dinero y tendrán que aplazar la reconstrucción. Según los corresponsales todavía quedan algunos edificios en pie.