BURRO AMENAZADO
Lecciones del tsunami
LOS ELEFANTES de Sumatra, Tailandia y Sri Lanka se marcharon a los cerros antes de la llegada de las olas gigantes. En la playa tailandesa de Bang Koei, el rebaño de búfalos que pastaba cerca del mar empezó a levantar cabezas y orejas y erguir cuerpos, cara al océano, y arrancaron a toda prisa hacia la colina cercana, actitud que, seguida por los paisanos, los salvó de ahogarse. Los dueños ceilandeses de perros notaron que sus chuchos se negaban a dar el paseo matutino por la arena, temerosos y aullantes. En Tamil Nudu, al sur de la India, cabras, búfalos y perros escaparon tierra adentro, al igual que los bandos de flamencos que criaban en la marisma. Los indígenas de las Islas Andaman salvaron el pellejo al hacer caso al comportamiento huidizo, cuesta arriba, de la fauna doméstica y silvestre. Hay un montón de especulaciones acerca del sexto sentido animal para adelantarse a los terremotos: para unos se trata de captar sutiles vibraciones terrestres, mientras que otras teorías se decantan por una percepción de cambios en los campos eléctricos terrestres, aunque algunos estudiosos del comportamiento de los mamíferos hablan de presentimiento. Frente al escepticismo científico occidental sobre la valía de los animales como pronosticadores de desastres, los chinos sí creen en las dotes de nuestros colegas instintivos y sin alma, y una red de voluntarios avisan por internet de comportamientos anómalos de sus mascotas, sobre todo perros y gatos, conducta que ha salvado miles de vidas humanas por dar órdenes de evacuación de edificios antes de que llegara el seísmo. Ahora que se piensa invertir un potosí en sistemas geotectónicos de detección de maremotos, hay opiniones para que no se deseche el potencial animal en prever estos fenómenos catastróficos y se monte una red de aviso con dueños de fauna doméstica. Un solo gato maullando puede deberse al celo o que le duele la barriga, pero que los de una comarca lo hagan es mosqueante.