Diario de León
Ana Gaitero
León

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LA religión sigue en las escuelas, bien aposentada, con dos horas semanales lectivas, y los colegios concertados crecen y crecen en detrimento de la escuela pública, en lugar de mantenerse, como en su origen como enseñanza complementaria de la pública. Los colegios concertados viven de dinero público, pero imponen su ideario y sus normas y tienen el privilegio de contratar y decidir sobre el destino laboral del profesorado. Tiran con pólvora ajena. No hay ninguna otra empresa en este país que esté subvencionada al cien por cien por el Estado y en la que el Estado tenga menos que decir. Pero no están contentos. La LOE es una ley que pasará a la historia por no cambiar casi nada -salvo que la Religión no será asignatura evaluable, entre otros detalles- pero la escuela concertada -bien dirigida por ciertos sectores de la Iglesia- se encarga de lanzar el mensaje catastrofista y de apelar a la libertad de enseñanza para justificar su marcha de hoy sobre Madrid. Quieren decidir, como ahora, cuántos y qué niños inmigrantes hay en sus aulas. La manifiestación es una demostración de poder para no perder su gran poder. En nombre de la libertad de enseñanza hay colegios públicos que sucumben, huérfanos de proyectos públicos que -como los convenios con el Bristish Council para la enseñanza bilingüe- podrían rescatarlos de la marginación. Quienes se manifiestan hoy no aceptan que la enseñanza ya no es propiedad de las élites, sino de todo ciudadano y ciudadana, por encima de religiones, ideas, clase social, raza y sexo.

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