Pidamos para León
Siempre que en cualquier parte de España, o del mundo, me preguntaron de dónde era, no tuve que pensar ni un segundo para contestar: de Palacios del Sil, un pueblo de la montaña de León, en el límite con Asturias, hacia el noroeste de España. A veces algunos españoles, pocos pues León sigue siendo una gran desconocida, querían precisar y preguntaban ¡Ah, del Bierzo!. Y la respuesta siempre surgió inmediata: no, de la montaña. En todas partes, pero especialmente con mis amigos japoneses, coreanos u orientales, he pasado excelentes momentos contando recuerdos de la braña, de la becera de las cabras, de los pastoreos en primavera o en otoño; de la siega de la hierba, de las majas, de los calechos y filandones, de tantas y tantas costumbres que constituyen la herencia que nos dejaron nuestros abuelos por generaciones. Todo ello forma parte importante de los cimientos de un pueblo: responde a la pregunta que quiénes somos. Sólo sobre unos cimientos fuertes se puede construir un edificio sólido y para mucho tiempo. Viendo el estado de nuestros pueblos se podría pensar que hemos abandonado un tanto nuestros orígenes y que el edificio está debilitado. Yo, podéis estar seguros, cada vez que siento mi ánimo caído pienso en nuestros montes, en nuestras brañas, en nuestros ríos, en nuestros bosques; recuerdo anécdotas de vuestros padres o de vuestros abuelos, la mayor parte ya desaparecidos y, siempre que puedo, me voy unos días a fortalecer mis raíces a Palacios, a encontrarme en cada rincón de los caminos con mis orígenes. Con las pilas cargadas, ya puedo volver a enfrentar todas las novedades que la vida me ha deparado y me sigue deparando: he recuperado la fortaleza de saber quién soy, de dónde vengo, dónde están mis orígenes. A mi parecer, la mejor herencia espiritual que le podéis dejar a vuestros hijos son los cimientos sólidos de sus orígenes, con sus luces y con sus sombras. Sin cimientos firmes no podrán nunca construir el edificio sólido de su vida. No dejemos que se diluya nuestra herencia común en esas culturas vecinas, tan ricas y respetables como las nuestras, pero diferentes. Aprovechemos esta oportunidad para preguntarnos de verdad quiénes somos y, así, tal vez podremos pasar a querer saber quiénes y cómo queremos ser en el futuro. Seguro que nuestros hijos nos lo agradecerán algún día. Con todo el afecto de quién, desde lejos, siempre se siente y se sentirá vaqueiro de la Montaña de León. Toribio Fernández Otero (Catedrático de la Universidad del País Vasco. Catedrático de la Universidad de Cartagena). Leoncio Blanco Serrano ingresó en el Hospital de León el pasado día 23 de diciembre del 2005, aquejado de una grave enfermedad, que finalmente sería la causa de su muerte, acaecida el pasado 18 de este mes de enero. Durante todo este tiempo estuvo acompañado por la familia, su mujer y los hijos, que ahora, pasado un tiempo prudencial, quieren agradecer profundamente el comportamiento, tanto profesional como humano, del Servicio de Hematología. Si la función principal de este servicio radica en la deontología profesional, encaminada a defender y fortalecer el sentido de la vida, su dimensión humana queda engrandecida cuando también tienden sus manos para dignificar el sentido y el momento de la muerte, ayuda prestada, en este sentido, también a sus familiares. Por eso nuestro más sincero agradecimiento a todo el personal, tanto sanitario como auxiliar, a todos sin excepción, porque a la calidad profesional añaden la calidez humana, que redunda en bien del enfermo y su entorno. Un mes de estancia y compañía en el Hospital fue tiempo suficiente para ver esta actitud, esta entrega, un sentido del deber que desarrollaban como habitual hacia todos los enfermos y familiares que permanecían en la planta octava (Hematología) del Hospital de León. La sociedad leonesa puede sentirse orgullosa de un equipo como éste, del que se reitera su ejemplaridad tanto en sus actuaciones profesionales como humanas. La familia de Leoncio Blanco Serrano, a pesar de la desgracia de la pérdida de ser tan querido, queda, en parte, recompensada por esta entrega, de profesionalidad y trato humano. Y quiere por ello hacer públicos su reconocimiento más sincero y su gratitud. Luzdivina Martínez e hijos (León) D aniel (En el debate de diariodeleon.es).