Diario de León
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En contestación a la carta que me dirige en este periódico, publicada el día 24 de febrero de 2006, quiero decirle lo siguiente: 1) La Comunidad de propietarios a la que pertenezco decidió por mayoría denunciar el presunto incumplimiento del artículo 582 del Código Civil en relación con la servidumbre de luces y vistas, como también refleja en su excelente informe Óscar García Luna, técnico contratado por el propio Ayuntamiento. No se trata de si «afecta a la gente de Cistierna» o no, sino de que el Ayuntamiento debe velar dentro de sus competencias por el cumplimiento de la Ley en vigor, aunque lo solicite un solo vecino. 2) Le ruego que me muestre un solo estudio riguroso y bien diseñado que demuestre con un nivel de evidencia científica suficiente que un centro de transformación como el que usted señala supone un peligro para la salud pública, si está construido e instalado cumpliendo toda la normativa vigente. Si es así, me ofrezco a acompañarla a pedir explicaciones a los responsables de dar licencia a una instalación que supone un peligro para la población, y consideraré mudarme de casa con mi familia. Y si no es así, quizá debería explicar a los 500 vecinos a los que pidió su firma con razonamientos demagógicos y sin fundamento las verdaderas razones para hacerlo. 3) Por último, le pido que ya que le gusta tanto estar informada de la vida de los demás, se informe bien de cuál era mi domicilio en la época en que afirma que «estaba en mi casa viviendo ilegalmente», antes de acusarme de nada. Fernando Díez Burón (Cistierna). Ya ha pasado otro año más el carnaval¿ Los ayuntamientos anunciaron a bombo y platillo la fiesta del disfrazarse a través del tradicional medio de los carteles, que previo concurso público fueron elegidos de entre las obras presentadas. Los carteles, con diseños variados en función del artista que los presenta, invitaban a participar de los eventos organizados. Muchas de estas personas dedican su esfuerzo, creatividad y medios económicos para presentar las obras según los requerimientos de cada uno de los ayuntamientos que los solicitan a través de concursos públicos. Pues bien, si a algunos de ustedes se les ocurrió darse un paseo para ver alguna de las exposiciones que se organizaron, para mostrar a la ciudadanía que no hay trampa ni cartón en la elección de las obras, observarían atónitos cómo sucedía algo inexplicable: los mejores carteles acababan sin premio. Estos concursos deberían estar prohibidos. Está cada día más claro que la elección de obras por parte de organismos públicos está adjudicada a quien demuestre tener mejores amigos en el despacho. El sentido del gusto de las elecciones resulta abominable en la mayor parte de los casos, y en otros sencillamente pasable. Los premios, que son lo que realmente interesa, van a parar a manos de ganadores que merecen otros premios. Ahora viene la pregunta. ¿Por qué se disfraza de convocatoria pública una adjudicación a dedo? No se entiende un concurso que tiene ganador de antemano, porque ésta es la única explicación lógica que uno encuentra al observar las horteradas que seleccionan. Si los «jurados» que eligen se compraran sus ropas con el mismo gusto con el que seleccionan ganadores, para ellos sería carnaval todo el año. Francisco García Lamela (León).

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