Diario de León
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FEDERICO ABASCAL
León

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EL PP ha recogido cuatro millones largos de firmas a favor de un referéndum en toda España sobre el estatuto de Cataluña, y el líder popular Rajoy las llevó ayer, en diez furgonetas, hasta la fachada principal del Congreso. 876 cajas, como de zapatos, albergaban tan alta cantidad de avales a una proposición no de ley que autorizase el referéndum. La proposición no va a prosperar y el vibrante esfuerzo realizado por la militancia del PP a lo largo y ancho del país, incluso en Barcelona, va a entrar en vía muerta. Queda el consuelo a los promotores de que su iniciativa ha conseguido el mayor respaldo de rúbricas desde que se inició nuestra democracia. Todo un récord. Recoger firmas podría ser más sencillo que saber qué hacer con ellas, pues una vez finalizada la tarea de justificarlas, con finos argumentos de Derecho Constitucional, habría que emprender la tarea de borrar inteligentemente la sensación negativa que en amplios sectores de la sociedad catalana parece haber causado esta arremetida de supuesto carácter «españolista» contra el nuevo estatut, aún en fase de proyecto. En cierto sentido, estos millones de firmas suponen un fuerte aval a las tesis digamos «territoriales» del PP, pero también serían la lápida conmemorativa del mayor desencuentro del PP con el nacionalismo catalán. Aseguraba Rajoy que «esto no va contra nadie», negándose a aceptar que por desacuerdo con determinados partidos políticos «se nos diga que somos anticatalanes, antiespañoles o antigallegos». (No dijo Rajoy antivascos, tal vez por la delicadeza del momento). Según el líder popular, desde las reformas estatutarias se estaría configurando una España confederal, y eso lo tiene que decidir el conjunto de los españoles. En palabras textuales: «Creo que es exquisitamente democrático, diría que es una exigencia democrática y espero que el señor Zapatero lo acepte, el que aquellas cosas que afectan a los españoles y son esenciales, porque son las reglas de convivencia y las formas de jugar, deben decidir todos los españoles y no sólo una parte de ellos». En la acera de enfrente, los socialistas parecían no caber en sí de gozo, y no por haber confirmado a López Garrido como sustituto de Rubalcaba en el grupo parlamentario sino, especialmente, porque tantas firmas como había depositado Rajoy ante el Congreso despertaban en la vicepresidenta Fernández de la Vega, ciertos sarcasmos, como el de decir que el PP había dejado fuera de la petición de referéndum al 60 por ciento d e sus votantesfacilitando la tarea de la oposición». Y el nuevo portavoz del PSOE, ante los datos de las últimas encuestas, desbordaba su alborozo con la frase de que se está jugando un partido en que se ha ganado la primera parte.

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