EN BLANCO
Happy birthday
EL OASIS de flema, cortesía e indiferencia que suelen establecer a su alrededor los ingleses se ha diluido en un mar de calidez y sentimientos patrios debido al 80 cumpleaños de la reina Isabel, mujer dura como la roca de Gibraltar y considerada una suerte de Mary Poppins militarizada. Servidora impecable e implacable de su país, se trata de una de las personas más ricas del mundo gracias a los múltiples negocietes que se trae entre manos, como la web de ventas varias que mantiene abierta en Internet, aunque sin renunciar a ocupaciones tan pedestres como desparasitar ella misma a su escogida escudería de perros. Isabel II es el último eslabón de la nobiliaria Casa Windsor, estabilizada siglos atrás en lo más alto de la cúspide aristocrática en medio de un carrusel de fiestas, cacerías y carreras de caballos. Entre los miembros más selectos de este linaje que presenta una acusada fisonomía agropecuaria, ojo al príncipe heredero Carlos, destacan Eduardo el Acariciador, al que según los cronistas le faltaba cuna y le sobraba cama, o el tatarabuelo Eddie, identificado por algunas fuentes con el mismo Jack el Destripador. También han logrado vencer en dos contiendas totales, y de ahí viene el dicho de «con todo el mundo guerra, pero paz con Inglaterra», e incluso sobrevivieron al desembarco en el clan de supuestas mosquitas muertas del estilo a Lady Di, cabeza visible de una generación de advenedizazas tan abiertas de miras como piernas. A la reina se le ha pasado el tueste pero ahí sigue con su coraza, igual que Juana de Arco, desayunando cola de escorpión remojada en ginebra. Majestad, ¡happy birthday!