LA VELETA
Refrigerar la política
EL PRESIDENTE Zapatero va a esforzarse en enfriar la política. Pero si los ánimos se enfrían solos, porque es difícil mantener una alta tensión emocional, con las tesis no ocurre lo mismo si llegan a fraguar como el cemento o como una obsesión. Parece que la descalificación del PP al presidente Zapatero por someterse al chantaje de ETA, y compartir el proyecto de la banda, ha cristalizado en todos los niveles del organigrama popular, al ser «la opinión del partido», según afirmaba ayer Zaplana y hasta el moderado Elorriaga, que defendió con desapasionada disciplina las frases más abruptas de Ángel Acebes. No le vendría mal a la vida política española un enfriamiento, unos días en el congelador, pero hay asuntos de actualidad y fogosidad que van a entorpecer esa terapia circunstancial de refrigeración. Este miércoles hay en el Congreso sesión de control al Gobierno, y nadie espera que las preguntas y réplicas del PP vayan a ser de guante blanco. Pero en la cámara baja hay una planteamiento orientado a evitar el alineamiento ideológico de la izquierda en las votaciones mediante el intercambio de parejas que se ha producido. Así puede verse que desaparece el automatismo con que IU y ERC entregaban sus votos a los del grupo del Gobierno, pues ahora se inclinan más los escaños del PSOE a atraerse los votos de CiU, lo que les resulta sencillo, pues la coalición nacionalista los entrega muy gustosamente. Puede ser importante el papel de CiU en lo que resta de legislatura al sustituir de hecho a ERC, el aliado del Gobierno que más juego daba a los populares para sus críticas, algunas muy razonables. Pero la campaña del referéndum estatutario en Cataluña se irá calentando, sin llegar a hervir, a medida que se aproxime la fecha del 18-J, en la que se votará a favor o en contra del Estatut pero pensando los electores en el diseño del nuevo mapa político catalán. Y en ese mapa no quiere como es lógico verse minorizado el PP, que está soportando unos ataques de los partidos de izquierda que parecen diseñados, con perdón por la malicia, desde los talleres populares. Un eslogan del PSC se acerca a lo que podría calificarse de perversidad política. Es el de «Sí, gana Cataluña; no, gana el PP». Y en Cataluña van a enfrentarse parabólicamente Zapatero y Rajoy, cada uno desde sus mítines respectivos, en los que saldrán a relucir asuntos de la política nacional porque todo está relacionado. Y de tal forma lo está, que si ZP no puede permitirse ni un triunfo escaso del sí, ni siquiera una nueva rebeldía de Maragall, tampoco al PNV le agradaría que CiU no obtuviese, saltando sobre el sí, un éxito político. Porque esta campaña del referéndum es la previa a la de las elecciones autonómicas del otoño, en las que Rajoy no resistiría fácilmente una pérdida de votos, ni Zapatero una continuidad prolongado a Maragall.