Diario de León
Publicado por
ANXO GUERREIRO
León

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EL RESULTADO que arrojen las urnas catalanas el próximo 1 de noviembre no sólo determinará el desarrollo del nuevo Estatuto de Autonomía, sino que influirá decisivamente en la articulación de las alianzas políticas en el Congreso de los Diputados y, por tanto, en la gobernabilidad del conjunto del país. Pues bien, tanto los diferentes estudios demoscópicos como el consolidado mapa electoral catalán ofrecen cuatro combinaciones posibles de gobierno y, aunque alguna parezca hoy irrealizable, no debe descartarse de antemano. La primera de ellas es la reedición del tripartito, que, a pesar de haberse devaluado hasta los límites de lo irreparable, es la única que garantiza al PSC la presidencia de la Generalitat. Es de suponer que, llegado el caso, el nuevo candidato socialista no estará dispuesto a prolongar la política de sobresaltos que caracterizó la singladura política de su predecesor, y exigirá como interlocutores a líderes con certificado de credibilidad. ICV tiene bien acreditada su capacidad de respuesta a esa demanda, pero ERC debe aún ofrecer garantías, sabiendo que su táctica de jugar a dos bandas no será consentida de nuevo. La segunda posibilidad consiste en una hipotética mayoría formada por CiU y ERC. Sin embargo, la dura disputa por el voto nacionalista y el catastrófico resultado que para ERC tuvo su pasada colaboración con Pujol, la hacen imp robable, aunque en modo alguno imposible. Existe también la posibilidad de una alianza poselectoral entre CiU y PSC con presidente convergente. Ésta es la opción por la que suspiran amplios sectores del PSOE y, según parece, también Zapatero. Ciertamente, esa operación política le otorgaría al presidente del Gobierno un gran margen de maniobra para condicionar el desarrollo del Estatuto, le permitiría liberarse de lo que considera socios incómodos (ERC, IU) y dejaría completamente aislado al PP, destrozando su ya escasa credibilidad como alternativa de gobierno. Sin embargo, frente a esta opción se alzan fuerzas muy poderosas que la hacen prácticamente inviable. En efecto, ni el PSC está por la labor de renunciar a la presidencia de la Generalitat para hacerle un favor a Zapatero, ni CiU parece dispuesta a repetir con el PSOE la relación de dependencia que Pujol tuvo que soportar con el PP en su última legislatura. Es posible, finalmente, una combinación política sostenida por la suma de los votos de CiU y PP. Aunque en este momento esta hipótesis se antoje irrealizable, no debe olvidarse que esa mayoría funcionó ya en el pasado. De hecho, Artur Más ha asumido ante notario el compromiso de no pactar con el PP, pero no ha dicho nunca que rechazaría el apoyo de los diputados populares para su eventual investidura como president, si éstos le otorgan su confianza sin contrapartidas, espontánea y generosamente. Atentos. Dentro de doce días comprobarán que todo es posible.

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