Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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CAJA ESPAÑA ha reformado sus instalaciones de Santa Nonia y  las inauguró con una exposición fotográfica dedicada a Miguel de Unamuno,  quien propuso que los españoles saliéramos a buscar el sepulcro de don Quijote, a ver si así se arreglaba lo nuestro. Pues salgamos. Fue un intelectual con redaños. Cuando en octubre de 1936, a  Millán Astray se le hinchó la vena en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca, don Miguel le espetó «venceréis, pero no convenceréis», harto de que llamara anti-España a catalanes y a vascos,  y en contestación también al siniestro «Muera la inteligencia»del legionario; poco faltó para que le atizasen dos sopapos, o algo más. Murió ese diciembre, con lo que sólo conoció el arranque de la gran tragedia, aunque intuyó el resto. Otra frase célebre suya fue «que inventen ellos», en 1912, sobre los  europeos,  y que en su  libro  Del sentimiento trágico de la vida , matiza: «no quise decir  que hayamos de contentarnos con un papel pasivo, no. Ellos, a la ciencia de la que nos aprovecharemos;  nosotros, a lo nuestro». ¿Y qué era lo nuestro? El quijotismo, el sagrado ridículo del perdedor, nuestra gran  cultura clásica, que debe enorgullecernos ante Europa, la majestad en la caída. Vasco, y pleno de españolidad, veía en don Quijote el héroe de nuestro tiempo. Ortega, otro de los grandes, afirmó: «Héroe contemporáneo es quien logra ser él mismo».  Ambos lo fueron. Unamuno nos quería españoles, hijos del corazón y de la razón, plurales y singulares,  fieles siempre  a los que nos eleva. Y se preguntó: «¿Cuál es la nueva misión de Don Quijote hoy en este mundo? Clamar, clamar en el desierto. Pero el desierto oye». Pues clamemos.

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