CON VIENTO FRESCO
España, laicismo e Islam
LA VISITA de Benedicto XVI a Turquía, entre otras cosas, nos recuerda que en esa región del Asia Menor floreció durante siglos el cristianismo, cuya presencia en el pasado fue muy extensa y fructífera. Allí se supone que vivió la Virgen con el apóstol Juan; de allí era Pablo de Tarso y por ella realizó sus primeros viajes evangelizadores. Allí nacieron o vivieron Policarpo de Esmirna e Ireneo de Lyon, así como algunos miembros esclarecidos de la patrística, como Basilio el Grande. Por allí se celebraron los primeros concilios ecuménicos (Nicea, Constantinopla y Calcedonia). Luego vino el Islam y desapareció todo. Hoy, de los 55 millones de habitantes,no llegan a 140.000 los cristianos, y los católicos apenas alcanzan el 0,04 por ciento. La Iglesia vive atenazada, sin libertad para predicar y ejercer su misión evangelizadora. No diré que éste es el país más laico de todos los musulmanes ni que su presidente es el socio de Zapatero en la Alianza de Civilizaciones; sólo que hace un siglo se persiguió a los armenios cristianos hasta su genocidio y desaparición. Europa es un continente cristiano, o al menos lo fue durante siglos, hasta el punto de que las raíces de su cultura están en un cristianismo que fue capaz de sintetizar en un pensamiento religioso común la filosofía griega, el derecho romano y la tradición judía. Han sido esas raíces cristianas las que ha hecho posible que Europa sea un continente en el que la libertad de conciencia, y por tanto la libertad religiosa, fundamente su organización social y política. Todo lo demás -la ciencia, el progreso técnico, la democracia social y política, etcétera- no es sino su corolario. Sin embargo, nada garantiza que eso vaya a ser así en el futuro. La inmigración está transformado profundamente la sociedad europea, y su homegenidad religiosa y cultural está siendo modificada por un multiculturalismo pánfilamente aceptado por la derecha, e incluso defendido paradójicamente por la izquierda. De ese multiculturalismo, el ingrediente más importante es el religioso, especialmente porque algunas religiones muy proselitistas, como el Islam, aprovechando la libertad, se expanden más y más cada día. La crisis del cristianismo no la provocan esas nuevas religiones; hunde sus raíces en la Modernidad, que zarandeó a la religión cristiana desde ideologías muy combativas, como el marxismo y el cientifismo. Pese a todas las vicisitudes revolucionarias y a la persecución religiosa de los regímenes totalitarios, el cristianismo se ha mantenido con fuerza e influencia. Probablemente es lo que no soportan algunos, especialmente en España. Es en este contexto en el que hay que entender el manifiesto del PSOE Constitución, Laicidad y Educación para la Ciudadanía que, por cierto, el PP no ha contestado pese a que es un ataque directo a la libertad religiosa, paso previo a todo proyecto totalitario como sabemos muy bien por la historia del siglo XX. El PSOE, o al menos algunos sectores, pretende imponer una religión de Estado, atacando para ello a la religión católica, verdadera bicha de intelectuales antidemocráticos y contrarios a la actual Constitución, pues ésta defiende un Estado aconfesional pero con libertad religiosa y respetuoso con el catolicismo. El laicismo de Atatürk, muy beligerante tras la primera guerra mundial, no parece haber acabado con la religión islámica, que un siglo después renace con tintes fundamentalistas en Turquía. El Islam ha sido poco inmune a los esfuerzos secularizadores del nacionalismo turco. En España podría ocurrir otro tanto; es decir, que este laicismo socialista provoque una reacción de los católicos, como ocurrió en la República; aunque también puede servir para debilitar aún más a la Iglesia, que es quizá lo que pretenden. La religión no desaparecerá, otras ocuparán su espacio, como ya está ocurriendo en Europa. Quizá es lo que desean algunos. El Islam no parece estar reñido con regímenes donde la libertad brilla por su ausencia, lo entendió muy bien el comunista Garaudy cuando se convirtió a esa religión .