LA VELETA
De un año para otro
AÑO TRAS AÑO, Oriente Medio es el conflicto por excelencia, por la multiplicidad de factores, por el componente religioso, la larga secuencia histórica, la escasez de agua, el petróleo y el arduo contraste entre Israel y su entorno geopolítico. Hoy estamos ante la inminencia de conflicto originados por la búsqueda de recursos energéticos que en algún instante pudiera ocasionar enfrentamientos bélicos. Es la petro-política. De un año para otro, resulta significativo que George W. Bush reconozca que la situación en Irak no es buena. Cabe distinguir entre las decisiones tomadas en el pasado con la información que se tenía o se creía tener y lo que hemos sabido sobre el efecto de aquellas decisiones. Hubo respecto a Irak demasiadas prisas por parte de Washington, una mala planificación y una carencia de alianzas. ¿De verdad se creyó posible democratizar el mundo árabe o que la ruta hacia Jerusalén pasaba por Bagdad? No es menos cierta la naturaleza nociva del régimen de Saddam Hussein. Lo manifiesto es que ahora pensamos que una mayor dosis de multilateralismo y prever algunas de las constataciones del Iraq Study Group no hubiese estado de más. Había tiempo y, además, convenía asegurar la eficacia en la intervención de Afganistán. En Iberoamérica, al final de los procesos electorales del 2006, el panorama del populismo y neocomunismo quizás no sea tan alarmante como pudo parecer hace unos meses. Está Chávez, claro, y también Kirchner, se quiera o no, un peronista radical, de notorias capacidades demagógicas. Pero Lula, Alan García, Tabaré en Uruguay, Bachelet, pueden contrarrestar, desde la izquierda moderada, el empuje populista y racionalizar las políticas económicas en la medida de lo posible, aunque competir en un mundo globalizado requiere mejorar la productividad y realizar las reformas que en España, por ejemplo, practicó el aznarismo. Existe una crisis de la política, que es parte del desprestigio de los partidos políticos tradicionales. El anacronismo de los lideratos indigenistas quizás sea un fenómeno cíclico. Ciertamente, cuesta creer en las virtudes de la política cuando se han visto tan de cerca todos sus defectos pero cualquier sociedad necesita una cierta noción del bien común. Nuevas generaciones pueden acceder a la vida política y renovarla. En este sentido, nada está escrito para siempre. Es el caso de Cuba. Inicialmente, el tránsito pretoriano que representa Raúl castro pudiera desembocar en otro tempo, en una sedimentación de elementos reformistas que lleven a un cambio democrático un poco a la española. La carestía imperante en Cuba requerirá una ayuda internacional que inyecte posibilidades de crecimiento económico y desactive los impedimentos totalitarios al despliegue de la economía de mercado y a la institucionalización del Estado de derecho. Pinochet se fue pero quedan todavía algunos custodios del parque jurásico, en Asia y en Iberoamérica. De un año para otro, el tiempo acaba con algunos males y reedita otros que ya se creían solventados. Para el 2007, los núcleos de atención pueden ser de nuevo y entre tantos otros el Líbano, Darfur, Cuba y Oriente Medio en toda su extensión. No es una simple apelación retórica pedir paz para las gentes de buena voluntad.