NORDES
Barras y estrellas y operación Triunfo
ES HARTO complicado consensuar una letra para la marcha real. Ponerle letra al himno de España, es pasar del cine mudo a una banda sonora cantada. No se me ocurre una personalidad indiscutida ni un letrista que despierte unanimidades. Ni siquiera y desde Gonzalo de Berceo a Antonio Gamoneda un poeta patrio que asuma su autoría. Hay himnos que desbordan las fronteras de los países que representan. La marsellesa,es mucho mas que el himno de Francia, es el canto histórico de los hombres libres, de los militantes de la libertad y de las libertades, «Dios salve a la reina», conmueve no únicamente a los habitantes del Reino Unido sino que emociona a multitud de ciudadanos del antiguo imperio británico. Hay letras que justifican su melodía, el «cara al sol» o «bandiera rossa» tienen una bella factura tanto musical como textual que sobreviven y envejecen bien entre los pliegues de nuestra memoria sentimental. Y yo que suelo negarme a aceptar la teoría de los ciclos de Toymbee, recuerdo que periódicamente y con precisa recurrencia vuelve el viejo debate de poner una letra a la enseña musical española. Hubo un texto oficioso de Pemán que casi nadie recuerda y el mundo del deporte que sube a los podiums de medio mundo, los chicos de las motos que ganan todas las carreras, los tenistas de éxito, los corredores de automovilismo o las tripulaciones de los desafíos a vela, para quienes políticos y deportistas de despacho urgen la letra, están mas cerca del susurro, del trip hop o de la música electrónica y del chill out, que de las barras y estrellas , de las estrofas épicas ,de las gestas históricas y las soflamas ripiosas. ¿A quién le pedimos la letra?. Joaquín Leguina le encargó formalmente un himno para Madrid a Agustín García Calvo que no se canta nunca, porque nadie en la comunidad de Esperanza Aguirre lo conoce. La derecha podía sugerir el encargo a Antonio Burgos que es una suerte, en contemporáneo, de los maestros copleros Solano, León y Quiroga. La izquierda de siempre no vería mal a Joaquin Sabina que construiría canónicamente un soneto canalla para cantar colectivamente, o porque no una letra «asimétrica» de mi buen amigo Suso del Toro. Es éste, evidentemente, un problema máxime a la hora de decidir ,de juzgar el autor vencedor. Quizás una nueva versión patriótica de la «operación Triunfo» podría ser el gran éxito televisivo de la temporada próxima, y mientras tanto a escuchar el himno de España, su música, con respeto y silencio. Sobran las palabras.