Saturado
El respeto al maestro, al profesor Cuando el señor Rubalcaba era el segundo de a bordo en el Ministerio de Educación y Ciencia, reunió en el IES Juan del Enzina a los directores de los centros de enseñanza de la provincia para vendernos las bondades de la Logse. Ya entonces empezaban a surgir algunos conatos de indisciplina en la escuela; terminada su disertación, y en el turno de preguntas, le manifesté la preocupación que comenzaba a sentirse entre el profesorado, por lo que entendía que antes de alcanzar cotas mayores, como se daba en algunos países de nuestro entorno, sería conveniente que por parte del Ministerio se tomaran medidas al efecto. La respuesta no pudo ser más tajante: «Puede que se haya dado algún caso aislado, pero le aseguro que en nuestro país no se van a dar nunca esas circunstancias». La clarividencia de este político salta a la vista, aunque he de reconocer que la mía tampoco le va a la zaga, ya que fui uno de los tantos miles de maestros que creíamos que la llegada del Partido Socialista al poder iba a suponer un avance considerable para la escuela pública porque entendíamos que éste se volcaría en ella, por ser la que acoge, preferentemente, a los alumnos de las clases menos favorecidas. Craso error, y bien que lo lamentamos algunos después. Ahora, no estaría de más que nos mirásemos al espejo del país vecino pues una de las primeras medidas que el señor Sarkozy ha propuesto al tomar posesión del Gobierno francés es la de que los alumnos deberán llamar al profesor de usted y señor. De igual forma, en declaraciones recientes, nuestro Defensor del Pueblo, señor Múgica, insistió en la necesidad de recuperar valores y formas, y se mostró partidario de que vuelva a las aulas el tratamiento de usted como forma de respeto. ¿Qué con esto se van a solucionar los problemas? Indudablemente que con esto sólo no, pero sí sería una medida para empezar a considerar el principio de autoridad que debe tener el maestro, el profesor, pero lo que sí es evidente, es que tiene que haber unas normas de comportamiento por parte de los alumnos. Quizá a los partidarios del profesor-colega les puede resultar esto rancio, impropio de los tiempos modernos. El resultado de la permisividad está ahí. Puedo asegurar al lector que en los cuarenta y cinco años que dediqué a la enseñanza nunca los alumnos me tutearon y eso no me fue nada mal, ya que en ese tiempo ninguno de ellos me faltó al respeto. Gerardo Pérez López (Maestro jubilado). Andrés Viloria en el recuerdo Estoy segura de que los ojos de tu alma han vuelto, por un momento, a mirar al Bierzo, a tu querido Torre, tierra profunda que te vio nacer. Y habrás vuelto a recorrer sus calles y caminos, los lugares de tu infancia y juventud, las tardes en «La Canal» tras las huellas del castro romano que tanto investigaste. Y se habrá sentado el alma bajo uno de los castaños centenares. Me cuenta Guillermo lo brillante que ya eras entonces, tan especial, tan artista, tan sereno y humilde como habrás sido ahora, en la hora de tu partida. ¡Cuántos gratos recuerdos de aquellos años!... Después te fuiste a Ponferrada pero siempre has seguido aquí y, aunque hoy, apenas quedan gentes nativas de este pueblo, tu sombra permanece y lo hará cada vez que uno de nosotros hable de ti, con nuestros hijos, con nuestros nietos. Y lo hará tu obra, tus cuadros, tus versos, tu silencio... Las circunstancias nos impidieron, Andrés, acompañarte en este adiós, acompañar a tus queridos sobrinos, pero nuestro corazón estaba allí, con todos vosotros. Gracias por haber nacido en Torre como hijo, también, predilecto y gracias mil por habernos enriquecido con tu arte. Siempre en el recuerdo. Josefina García Blanco (León). La Ratonera se queda sin cobijo A pesar de la multitud de asociaciones, que existen en la ciudad de León, destinadas a cubrir las necesidades de las personas sin recursos, los recursos que prestan son, en su mayoría, deficientes, sobre todo, los destinados al colectivo de transeúntes. Para poner esto en evidencia, basta con citar una serie de ejemplos; en la Asociación Leonesa de Caridad, su servicio de comedor, está cobrando (60 céntimos) por una comida que, en ocasiones ha sido donada por la Cruz Roja y otras por restaurantes, recientemente por el Hostal de San Marcos. Los albergues, el municipal, en el que se puede estar hasta un mes, eso sí, si el usuario trabaja, y el Calor y Café, en el que el periodo se renueva cada semana hasta un mes. El problema principal de estas dos instituciones es que los usuarios, personas adultas, se ven sometidos a horarios inflexibles e inimaginables, que si no cumplen, son botados, literalmente, a la calle con sus pertenencias. Dentro de este contexto, desde el Centro Social Okupado La Ratonera comenzamos a recibir noticias de que pronto tendremos que desalojar nuestra sede. Un centro que lleva más de un año y medio atendiendo las necesidades de los transeúntes que no son aceptados o expulsados de las organizaciones citadas, ofreciendo alojamiento y comidas de sábados a martes de manera desinteresada. Ahora, han decidido que es momento de destruir el C.S.O. La Ratonera para construir más pisos a precios altos y que, seguramente, pasarán un largo tiempo deshabitadas como ocurre en otras muchas zonas de esta ciudad. ¡No al desalojo del C.S.O. La Ratonera! ¡No al cierre del C.S.O. La Ratonera! Jesús García de Dios García. (León). Alberto Ríos (Madrid).