Diario de León

EL BALCÓN DEL PUEBLO

Y no piden perdón

Publicado por
J.F. PÉREZ CHENCHO
León

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EL TRIBUNAL Supremo ha absuelto a los tres policías que habían sido condenados por la Audiencia Provincial de Madrid por interrogar a unos militantes del Partido Popular, sospechosos de agredir a un ministro del Gobierno de España. En concreto, a José Bono, entonces responsable de Defensa. Hubo jauría de ladridos. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, no dudó en calificar a la policía como «Gestapo». Esos tres policías, que no hicieron más que cumplir con su obligación, han pasado dos años de suplicio. Ellos y su familias. Y el delegado del Gobierno en Madrid, por solidaridad con éllos, presentó en su día la dimisión. Hay un sector minoritario del PP que se ha acostumbrado a estas maniobras. No respetan ni a las instituciones del Estado ni a sus funcionarios en cuanto sus actuaciones les perjudican políticamente. Ese sector minoritario del PP, pero mayoritario en su dirección, está encarnado por Esperanza Aguirre y por Ángel Acebes. Lo aprendieron de José María Aznar y lo practican bajo el toldo mediático que les proporciona el brindaje. Hay que recordar cómo cuando se descubrió el caso Naseiro para la financiación ilegal del partido conservador, esta gente linchó al juez que investigaba la trama y lo convirtieron en el caso Manglano. Igualmente, siendo ya jefe de la Oposición, Aznar se negó a declarar como testigo ante el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León por el turbio asunto de la construcción y corrupción en el Ayuntamiento de Burgos. No podría haberlo hecho ningún otro ciudadano español. Y un último y reciente gran ejemplo: el linchamiento mediático al que se han visto sometidos la fiscal Olga Sánchez y el magistrado Juan del Olmo, quienes tuvieron la mala suerte de estar de guardia y les tocara levantar cadáveres y cadáveres el 11-M por varias estaciones ferroviarias de Madrid. Los tres policías que ahora han sido absueltos por el Tribunal Supremo habían sido condenados por detención ilegal, por citar a declarar en comisaría a unos individuos cuyo rosto de fanáticos apareció en todas las fotografías periodísticas y reportajes televisivos, increpando e insultando a un ministro. Que se les pudiera acusar de detención ilegal es un despropósito jurídico. Pero, sobre todo, ofende al sentido común, porque en ese caso, todos los policías de España estarían cometiendo delitos a diario. Evidentemente, Esperanza Aguirre no va a pedir perdón ni a ellos ni a sus familias. Tampoco se lo ha pedido a los médicos del hospital de Leganés, ni a los pacientes que allí habían sido atendidos. Lo de ella es otra cosa. Lo de Esperanza Aguirre se limita a esta dualidad: O mandan y gobiernan, o con sus aliados convierte la política en el «obispero»-de obispos, no de avispas- nacional con la ayuda imprescindible de unos medios de comunicación sin escrúpulos periodísticos. Y para concluir: Es cierto que con Rodrigo Rato hemos perdido a un representante español de primerísima línea en un organismo mundial muy importante. Pero también es cierto que, con su regreso, la política nacional recupera a un peso pesado que, además, tiene que servir para contrarrestar a los fanáticos que actualment e mandan e n e l Partid o Popular.

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