Diario de León
Publicado por
MARGARITA TORRES
León

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«FRIVOLIDADES con esos asuntos las justas, más bien ninguna», exigió recientemente el portavoz del Grupo Popular en las Cortes de Castilla y León, señor De Santiago-Juárez, cuando demandaron su opinión sobre la posibilidad de incorporar ciertas modificaciones al Estatuto reformado de esta nuestra todavía Comunidad y que, parece que más pronto que tarde, será aprobado en el Parlamento español. Tiene toda la razón: frivolidades, las justas. Porque por frivolidad entiende nuestro rico idioma aquel tema insustancial, ligero, sin trasfondo o con predominio implícito de lo sensual, que se aborda o expone para su comentario. Desglosemos algunas insignes frivolidades autonómicas. Si por frivolidad entiende el señor portavoz recuperar el papel de León en el seno de una autonomía que proyecta 8.000 empleos en Boecillo (Valladolid) y sólo 1.000 en León, por ejemplo, será que, a su juicio, el trabajo y su demanda son preocupaciones insustanciales. Si por frivolidad deduce el déficit de personal sanitario en esta provincia, será que, a su parecer, la salud de los leoneses es tema ligero y sin trasfondo alguno. Si por frivolidad entiende que se trate de explicar que componen esta Comunidad dos identidades, la leonesa y la castellana, y ello le molesta, será que tal vez le suene a cierta equiparación a lo tanto monta-monta tanto que, a estas alturas, para qué remover después de tantos años. Frivolidades, en cualquier caso. Frivolizaba la añorada Silvia, antes consejera admirada de Cultura, cuando invertía en Brasil lo que no recibía el patrimonio de esta tierra, frivoliza ahora la segoviana en Agricultura cual flautista de Hamelin con los topillos, que ya hasta aparecen en las noticias de los telediarios con dulzaina y tambor en Villotilla y otros lares. Frivolizaban sin duda las decisiones gubernamentales que impulsaban las inversiones que han engordado, año tras año, la capital de Pedro Ansúrez, la patria de León de la Riva, la tierra donde la palmó Colón e hicieron manitas los Reyes Católicos antes de coronarse: Valladolid. Frivolizaban, también, los que decidieron erigir hospitales nuevos en según que provincias y opinaron que aquí, en León, sobraba con el remiendo costurero. Frivolizaban, tenedlo por cierto lectores, los que colocaban chinitas en el zapato de los ganaderos para ahogar un sector lácteo que ahora, azares del mercado, recupera protagonismo después de tanto acogote político. Frivolizan, por supuesto, los que no interponen exigencias duras y recias a Red Eléctrica Española por el desaguisado que pretende entre Lada y Velilla. Esas frivolidades imponen carácter, marcan a fuego a los habitantes de una tierra envejecida, retardan su recuperación, ahogan ilusiones o las entorpecen. Las otras, las que se centran en hablar de los territorios históricos leoneses, de los valores de su lengua, de su pasado, etcétera, no dañan, enriquecen. Respecto a las primeras, que son las que deberían preocupar al señor De Santiago-Juárez, me quedo con sus propias palabras y las «intertextualizo»: frivolidades con esos asuntos las justas, más bien ninguna. Pues eso, a tomar nota y pronto.

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