Diario de León
Publicado por
JOSÉ LUIS MEILÁN GIL 1397124194
León

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LA CORONA es una institución que forma parte esencial de la Constitución de 1978. No se puede considerar aisladamente de lo que, como las libertades y derechos de la persona, son conquistas irreversibles. La quema de la fotografía del Rey, en unos sucesos aislados con amplia repercusión mediática, ha de entenderse, por tanto, como una pira a favor de la autodeterminación, una repulsa del Estado previsto en la Constitución. Más allá de esos hechos puntuales convendría tener en cuenta y cuidar el humus en que la Corona, como institución, está enraizada. Su aceptación muy mayoritariamente por el pueblo español, incluida la persona del Rey don Juan Carlos, expresamente nominado en la Constitución, fue una decisión colectiva en la que la razón sobreabundó al sentimiento. No era una solución que estuviese escrita en las estrellas. Había que unir la tradición de la dinastía histórica mantenida en un largo exilio por don Juan, y apartada del Estado por la República del 31, con una superación, si no ruptura, del régimen de Franco. Pudo hacerse de una manera más ortodoxa para la propia dinámica de la institución. No era una solución exportable. Fue, sin duda, la mejor en nuestra particular situación, como con clarividencia respaldaron fuerzas políticas republicanas. Ni una continuación, ni una vuelta atrás descontando períodos de historia cercana. Eximía de tener que decidir periódicamente entre dos Españas que se habían enfrentado bélicamente, cuya reconciliación no se había operado. La Corona ofrecía, en el vértice del Estado, la superación de aquella dualidad. Lo que entonces fue valioso, sigue siéndolo hoy. Quizá necesitado de una pedagogía adecuada, sobre todo de cara a las generaciones que no vivieron aquellos momentos iniciales de la actual democracia. Se precisa razonar sobre la utilidad de la institución. Junto a la legítima variación de los gobiernos, proporciona estabilidad. La proyección sobre la jefatura del Estado de la virulencia con que se está planteando ahora la posible alternancia en el gobierno inclina a confirmar que la misión de la Corona sigue siendo necesaria. Aporta un innegable plus en las relaciones internacionales, singularmente con la América hispana. Podría ser clave para un acomodo futuro del País Vasco que no pase por la autodeterminación si se recuerda la reivindicación nacionalista del pacto con la Corona, como para una posible solución al contencioso de Gibraltar. El Rey es símbolo de la unidad del Estado. Los símbolos, como la bandera, el himno, la fiesta nacional, necesitan adhesión del sentimiento. Ser idealizados; no someterlos al ocular de un microscopio. Ahora que se revuelve parcialmente la historia, convendría liberar el patriotismo que aquellos representan de gangas del pasado y de peleas presentes.

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