Diario de León
Publicado por
RAFAEL FERNÁNDEZ-SAMOS
León

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SOY médico de hospital. Desde que empecé la carrera, he dedicado treinta y tres años de mi vida a la Medicina, en especial la Hospitalaria. Es bien conocido que la formación de un médico especialista exige actualmente una «inversión» inicial de 14 años: dos años de bachiller -para entrar en las facultades es requisito imprescindible la mayor nota media de todas las exigidas en España- seis años de estudios, los más largos de los que pueden cursarse en nuestro país, un año de preparación del examen MIR y cuatro o cinco años más de trabajo hospitalario. Y luego requiere de constante actualización, puesta al día y revalidación en sucesivas oposiciones. Eso es mi privilegio y mi profesión. Cuando empecé a trabajar en un hospital, en 1982, mi sueldo de médico residente y lo que me pagaban por hacer guardias de 24 horas era puramente simbólico. Y lo puedo contrastar con el que lo desee. Durante décadas, el sueldo de los médicos de hospital en España ha sido indigno para la dedicación, preparación, esfuerzo y responsabilidad que ello requiere. Gracias a las movilizaciones de nuestras organizaciones profesionales y sindicales, se ha mejorado, pero estamos todavía lejos de salarios y condiciones laborales de médicos europeos, descontando todos los factores económicos que se quieran (PIB, renta per cápita, salario medio, horarios, etc.). Otras sociedades más avanzadas cuidan mejor a quienes les tienen que cuidar y curar, por eso nuestros médicos, en situación de escasez de profesionales en nuestro país, emigran a Portugal, Francia o el Reino Unido. Todos los sindicatos defienden el lema «a igual trabajo, igual sueldo», aplicándolo sobre todo a las diferencias de salario entre sexos. Es profundamente injusto que por el mismo trabajo realizado en la misma jornada ordinaria se cobre diferente. Pero yo, médico, no puedo reclamar que a igual horario y a igual trabajo, igual sueldo. El complemento específico es un concepto que se destina, literalmente, a retribuir las condiciones particulares de algunos puestos de trabajo en atención a su especial dificultad técnica, dedicación, incompatibilidad, responsabilidad, peligrosidad o penosidad. Este concepto se ha viciado, equiparándolo a exclusividad, y perdió el espíritu para el que se había concebido. Y el que manifieste lo contrario, miente. Y que me diga alguien si mi trabajo no es dificultoso, dedicado, responsable, peligroso o penoso. En muchas autonomías de nuestro país, estas desigualdades se han corregido, en negociaciones entre gobiernos y sindicatos de diferente signo, aceptando lo razonable y justo. También se intenta desde nuestras organizaciones laborales y profesionales, que todos los médicos españoles, que estudiamos lo mismo y nos preparamos igual, podamos tener la misma consideración laboral y salarial en todo el territorio. Otras malversadas declaraciones son absolutamente falsas. Durante años, desde sindicatos y poderes públicos, se ha denigrado sistemáticamente nuestra profesión, obligándonos casi a pedir perdón por ser médicos. En todos estos años de trabajo hospitalario he acompañado a muchos enfermos hasta su muerte, he dado buenas y malas noticias y he reconfortado con mi gesto, con mi abrazo o con mi mirada a muchos pacientes y familiares. He visto trabajar a médicos en Urgencias hasta la extenuación, sobrepasados por la sobrecarga de atender a más de 400 pacientes en un día, con muy pocos medios. He visto emoción y gestos de rabia por no haber podido salvar vidas. He visto llorar a enfermeras y auxiliares porque con la escasez de personal y con camas cruzadas, ya no podían más. He trabajado muchas veces más de treinta horas seguidas cuando no se pueden librar las guardias. He prolongado muchos días mi jornada laboral porque una intervención no finalizaba a la hora prevista y he acudido al Hospital siempre que algún compañero o paciente lo ha necesitado, a cualquier hora del día o de la noche, anteponiéndolo a intereses personales o familiares. He tenido que hacer más de diez guardias de 24 horas en un mes, para que otros compañeros pudieran irse de vacaciones, porque a los médicos de hospital no se les sustituye en verano. El hospital no cierra nunca, ni en fines de semana, ni en festivos, ni en navidades. ¡Qué privilegio, qué profesión! A mi lado han trabajado médicos, sin plaza en propiedad, con precariedad laboral y económica, con contratos basura, sin ver estabilizado su puesto de trabajo durante muchos años, desempeñando todas las funciones propias de su especialidad a los que luego se les ha examinado y juzgado, como si en ese tiempo no hubieran sido especialistas o no hubieran prestado adecuadamente su servicio a los pacientes. Ese es nuestro privilegio, esa es nuestra profesión. Después de años de trabajo en un hospital, el médico envejece, y debería poder reclamar justamente el no hacer guardias de 24 horas, a partir de determinada edad, sin que eso significase una merma muy considerable en su sueldo, cuando más puede necesitarlo, después de haberlo dado todo a la sociedad. Por el trabajo de sindicatos profesionales, se ha conseguido el desarrollo de la Carrera Profesional, de la que luego se han beneficiado todos los trabajadores del sistema sanitario. Algo cierto tenemos cuando nacemos en un hospital, que algún día moriremos, y lo haremos en un hospital. En el hospital se practican los actos médicos, diagnósticos, terapéuticos o quirúrgicos de mayor envergadura, de más gravedad, de mayor responsabilidad y de mayor riesgo vital, se practican las extracciones y los trasplantes de órganos. No se hace todo esto por ganar dinero. Hay algo más: vocación y profesionalismo. Yo soy médico, trabajo en un hospital público, como otros muchos trabajadores que nos pasamos allí nuestra vida. Con estudio y sacrificio se ejerce la Medicina. Pero también me gano la vida con ello, legítimamente, honradamente. Y toda la actualización de conocimientos tengo que hacerla robando tiempo a los ratos libres y a la familia, fuera de mi horario laboral, cuando mi empresa no me favorece otra cosa. Muchas veces me gustaría tener enfrente a interlocutores con la misma preparación o trayectoria profesional, o gestores sensibles a las demandas de los médicos, sensatas, fundamentadas, razonables, que tenemos la obligación de poner en conocimiento de los políticos y de la sociedad. Gracias al sobreesfuerzo de los médicos y del resto de trabajadores, durante muchos años, se han mitigado los notables problemas estructurales y carencias de personal, camas y medios que el Hospital de León ha tenido y tiene respecto a otros de nuestra comunidad. Nosotros no somos responsables de las listas de espera, no somos responsables del colapso de las Urgencias. Cuando se nos acusa del mal funcionamiento de los hospitales se está faltando a la verdad. Nosotros no favorecemos la sanidad privada, pues un médico vinculado al SACYL, por ley, no puede hacerlo. Es el propio SACYL el que gestiona las listas de espera y las deriva a la sanidad privada, entre otras razones, por la insuficiencia del sistema sanitario público leonés. Es hora de reclamar a los políticos que la Sanidad leonesa no esté a la cola de nuestra comunidad. León tiene catorce procuradores en las Cortes de Castilla y León. No debe haber médicos de primera y de segunda, tampoco pacientes de primera y de segunda. A veces me gustaría tener a compañeros médicos, de todos los sindicatos o de la Administración, a mi lado, defendiendo lo mismo que yo, y no insultándome o haciendo declaraciones vergonzantes y ofensivas. Los médicos de hospital nos jugamos mucho, todos los días, en la práctica de la Medicina; no somos privilegiados, ni ricos, ni corruptos, ni delincuentes. Algún día, cuando ellos necesiten de nuestro trabajo, nos tendrán a su lado, sin rencor, para tratar sus enfermedades o la de sus familias. ¿Cómo puede parecer raro que los médicos defendamos y luchemos por los intereses de nuestra profesión? Haciendo esto, estamos haciéndolo por los intereses de la sociedad. Y esto se ha reconocido ya, como es lógico, en otras comunidades como en Cataluña A veces es necesaria la huelga, que nadie de nosotros quiere y que todos deseamos finalice cuanto antes. La mejor mesa sectorial o la mejor mesa de diálogo social es la que vivo a diario en mi hospital, con todos los trabajadores orientados al mismo fin, la salud de los pacientes. No ve valen las otras mesas, frías, tensas, radicalizadas y viciadas por la política y el odio, a las que se sientan personas que no han velado nunca junto a un enfermo y cuyo objetivo sistemático es liquidar la dignidad profesional de la Medicina. Por eso, la huelga la apoyan médicos residentes jóvenes y médicos interinos, con un futuro profesional incierto, y la secundan muchos médicos que no tienen actividad privada y muchos médicos veteranos o a punto de jubilarse. Por no perder lo conseguido. Por principios, por dignidad. Y tres son los principios de mi profesión: la primacía del bienestar del paciente, defender su autonomía y reclamar justicia social. Todos los trabajadores del Hospital de León somos actores anónimos de la mejor Sanidad que León haya tenido nunca. La sociedad lo sabe. Eso se ha logrado a lo largo de muchos años por el trabajo abnegado de muchos profesionales, que reclaman mejoras laborales y económicas de las que luego se benefician todos los médicos y el resto de trabajadores de la sanidad. En las tormentas, unos hacemos siempre de trueno, pero luego es para todos la llovida.

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