LETRA PEQUEÑA
ZP y la nostalgia
HACE SÓLO UNAS semanas, el argumento para frenar las enmiendas presentadas por los militantes socialistas sobre el aborto, la laicidad y la eutanasia era la voluntad reciente de los electores, que habían refrendado un programa electoral hace menos de cuatro meses. Se establecía que los militantes del PSOE no podía modificar lo dictaminado por los ciudadanos. En el congreso del PSOE todo ha cambiado. Los temas estrellas, el leit motiv de este cónclave, son precisamente los que se anunciaban como aparcados. ¿Qué ha ocurrido en medio? Solamente el pánico escénico ante el cambio producido en el adversario. Ni siquiera es importante la sinceridad de la transformación del PP. Lo que cuenta es su apariencia. Y ya no se vislumbra en el horizonte mediático un PP ultramontano y amenazador. Desaparecido el lobo que asustaba a todas las ovejas hasta el extremo de buscar refugio en la sombra de José Luis Rodríguez Zapatero, lo que procede en este momento es buscar todos los temas que pueden exasperar al PP en su viaje al centro y vincularlo de nuevo con la Iglesia y la derecha más extrema. Existe la garantía añadida de que la Cope y El Mundo agitarán esos temas hasta que el PP de Rajoy se vea obligado a una respuesta. Zapatero es un hombre que maneja las encuestas como los calvinistas la Biblia. Todo el objetivo de este congreso es despertar a la fiera dormida, porque Zapatero necesita con urgencia el PP que le permitió fagocitar a IU, tomarles prestados los votos a los nacionalistas vascos y catalanes y llegar al poder sin necesidad de explicar que ser de izquierdas es algo más que un trámite de proclamación y que debiera exigir la explicación de las recetas y los proyectos para que los ciudadanos tengan menos diferencias salariales y los más débiles, a los que alude Zapatero como si fueran un seguro de su propia vida, terminen por comprobar que en la próxima época de bonanza los beneficios serán repartidos porque hay un partido socialista que lo garantiza. Nadie puede negar la importancia de los avances en los derechos civiles de las mujeres y en que es mejor un mundo sin crucifijos en las juras de los ministros. Pero la izquierda, sin duda, debiera ser algo más que eso.