Diario de León
Publicado por
JOSÉ A. BALBOA DE PAZ
León

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A NADIE SE LE ESCAPA la importancia que tiene para León la existencia de un aeropuerto y una compañía aérea que realice vuelos nacionales e internacionales. La existencia de medios de comunicación rápidos, como el avión o el tren de alta velocidad, es requisito básico para cualquier política que pretenda el desarrollo económico de una región, y de cualquier política descentralizadora. No son de recibo, por tanto, las críticas que alegan que se trata de servicios elitistas, de costes elevados que pocos pueden pagar, porque, aunque así fuera, las relaciones empresariales, la movilidad de las élites son hoy imprescindibles para la modernización y el desarrollo económico. La necesidad de un aeropuerto civil y de una compañía aérea ha sido una reivindicación de los leoneses desde tiempos lejanos. Poder utilizar conjuntamente la base militar de la Virgen del Camino fue un objetivo que unió a presidentes de la Diputación socialistas (Alberto Pérez Ruíz y Agustín Turiel) y populares (José A. Díez), pese a las dificultades puestas por Aena. Tras el permiso en 1994 del Ministerio de Defensa, propietario del aeropuerto militar, se inauguraba en 1999 el civil, aunque con dudas sobre su viabilidad. Poco después Iberia Regional-Air Nostrum iniciaba los vuelos entre León y Madrid, y entre León y Barcelona; pero los débiles resultados económicos llevaron a una crisis que solo se saldó en 2005 con la creación de una compañía leonesa, Lagun Air, en la que hay conocidos empresarios de la provincia, especialmente los ligados a Agelco. La situación de la aviación civil pasa por momentos difíciles, no por el reciente accidente en Madrid, sino por los elevados costes del servicio, especialmente por los precios del combustible. La empresa Lagun Air nace con el compromiso de un apoyo institucional, sin el cual no es posible su mantenimiento. Las dificultades en este último año han aumentado considerablemente. No se trata de un problema de competencia, que no hay, sino de pocos pasajeros y precios elevados. Las soluciones son cada vez más difíciles aunque no inviables. Aumentar el número de pasajeros parece complicado, sólo las ayudas públicas pueden mantener el servicio. Lagun Air necesita un apoyo mayor de las instituciones. El problema que se suscita, como en tantos otros casos, está en que a diferencia de la postura anterior de socialistas y populares, ahora hay una excesiva politización y un interesado protagonismo por parte de algunos políticos, que toman el asunto como un arma de confrontación para atacar a la Junta de Castilla y León. La Junta tiene la culpa de muchas cosas en esta comunidad, y lo digo sin ironía (por ejemplo, hoy se inaugura el curso escolar: el recorte drástico de recursos humanos y presupuestarios empeorarán la calidad de la enseñanza sin duda alguna); pero también está obligada a responder por el dinero que recauda de sus ciudadanos. No digo que los servicios deben pagarse al coste de su valor, porque en casos como el que tratamos, hemos convenido desde el principio en que sólo con ayudas públicas puede mantenerse, pero estas no pueden ser totales. Los empresarios tiene que racionalizar los costes y, dentro de sus posibilidades, rentabilizar el servicio. No tiene mucho sentido mantenerlo si este coste es completamente inviable para los usuarios y las instituciones. Involucrar políticamente a entidades financieras, como Caja España, con problemas de liquidez por la crisis hipotecaria, no parece la mejor solución, pero ellos sabrán.

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