Que todo lo vendemos
Y LE DICE mi padre a su querida esposa, con la lleva ayuntado cerca de cincuenta años, que ya es edad, digo yo, de dejarlo: «Feliciano vende la vaca que se nos acabó el azúcar, la leche y por tanto también la carne de falda, que es que estamos que lo vendemos todo, y a este negocio de la compra-venta han acudido ahora los ingleses de la British Foods y como bien sabemos los españoles cuando a un inglés se le antoja un sector lácteo y un territorio navegable, se queda ello así mande la Santa Iglesia de Su Majestad británica dejarlo; que no hay más que mirar los mapas para comprobar esa tendencia usurpadora de la pérfida Albión con la ocupación de las islas Malvinas, de Gibraltar y ahora en este momento crucial de la historia, con la apropiación del sector azucarero.
¡Vende la vaca, Feliciano!...
Y el Feliciano, aunque acostumbrado a la obediencia debida durante la prolongada etapa de su vida marital, contesta con armonía:
Y no vende y la Inglaterra marítima y juncal dice que le apetece d
irigir la consolidación del sector azucarero de nuestra espoleada provincia y que queda con la leche y con la vaca.
¿Y qué podemos hacer? Pues resignarnos y ceder la vaca, como se cedió Gibraltar, aunque apuntando en el cuaderno de la Memoria Histórica que esto no es obstáculo para que España conserve títulos y biografía comercial y que en el caso de una nueva guerra, -¡que sí que la habrá, con el negro presidente y sin él!- España tendrá opción de propiedad de toda la leche que se derrame en el evento...
Dicen los de la Televisión (que no parece sino que hablan al dictado del Gran Poder) que este pacto o venta entre la British y las sociedades lácteas de la provincia de aquí será tan beneficioso para los españolitos supervivientes que incluso se echarán a la calle del medio o al medio de la calle dando mil gracias a la serenísima reina británica y a los no menos monarcas de la España de Isabel y de Fernando.
Esta crónica, que parece fruto de un descarnado humor, no es sino una demostración de desesperación pro lo que se nos saltan las lágrimas contemplando cómo se escapa la leche / c
ómo se viene la ruina / tan callando.
Por lo que a los vecinos con niños cabe recomendarles que se acostumbren a la sopa boba con ajo y se olviden ya de la leche, como se olvidaron de los callos con garbanzos.
España está tan en decadencia que lo vende todo: la leche, el gas, la gasolina, el territorio y el aire que respiramos. Y se rumorea de que precisamente porque el aire es el único bien de nuestra exclusiva explotación, el gobierno providente que nos manda parece ser, es posible, tal vez, quién sabe que impondrá un canon o tributo para obtener derecho a respirar.
Si esto fuera así, tampoco sería un error intentar dominar la desaceleración, mediante la venta de la Catedral en vista de que la tendencia que se nos brinda para salvarnos de la quema sería, es, aprovechar la ocasión para vender todo aquello que pudiera servirnos para salir del atolladero.