Las guerras homéricas de León
LOS BARDOS de la Sobarriba cantaban a grito pelado por sus tierras heróicas y musicales: «Tres eran tres / las guerras de Atenas. / Tres eran tres y ninguna era buena».
Y en algo análogo estamos en estas tierras nuestras donde se cuecen guerritas como zanahorias y se extienden por todos los territorios de la Hélade.
Porque hablando de guerras, en tres de las más accidentadas y sangrientas estamos: La guerra económica y de cargos de Caja España, que no acabamos de entender cuáles son sus singularidades ni quien intenta aprovecharse más aún con tanto ir y venir, fusionar y conceder libertad de cultos.
En segundo lugar, de la lista de los listos aparece inserta la Guerra sin cuartel de la Diputación Provincial, por la cual pelean como si se tratara de una competición con la Monja Alférez, ricas hembras dispuestas a dejar en la contienda la melena.
Y que se sepa por ahora está la tercera guerra en línea, que para sí quisiera la señora Chacón, mujer de armas tomar y para la cual enviar marranos al frente de que fuere, le parece la cosa más normal de su frenética carrera.
La mujer cañón, que le llaman a la titular de la escopeta declara que no le parece ni siquiera indeciso montar unos batallones para acabar con los talibanes o con quienes se le pongan por delante.
Y es que en el territorio se han descubierto no sólo los principios por los cuales los hombres y las mujeres pelean que se las pelan, sino que despliegan sus armas y sus manipulaciones para hacerse con el cargo supremo, con las capitanías y con los enchufes de los respectivos organismos.
Y no tienen el menor rubor en declararlo: Dice un señor, que aparece como nuevo secretario municipal de la Legio Séptima: que se dispone a concluir la labor comenzada por don Paco y no es que se comprometa a conseguir la victoria, pero declara que sus fines son hacerse con la dirección y mando de la Excelentísima Diputación.
De la que es defensora nada menos que la actual Agustina de Aragón, con el cañón siempre a punto y disparo, sino que además anuncia que la batalla que se dispone a ganar es la conquista del Ayuntamiento, en manos del enemigo y que lo conseguirá aunque para ello sea obligado abrir el bolso y poner más miles de euros para el Morredero, por ejemplo, o para garantizar la seguridad del cepillo de las monjitas de Sahagún.
Son los unos contra los otros, como en la
de Homero, que en gloria esté...
Doña Isabel, para la cual todos los vecinos de la urbe son rojos o al menos colorados, declara que «nuestro principal reto para los próximos años será recuperar la Alcaldía de León»...
Los tambores de guerra están sonando y los distintos ejércitos están ya dispuestos a lo que fuere, bueno, malo o regular, con tal de que Caja España, la Diputación Provincial y el Ayuntamiento sean conquistados por los gloriosos ejércitos de los unos y de los otros... A lo que el soldadito raso, que ni gana ni come con estas guerras, responde con su grito de guerra: «Leoneses, preparados: coged piedras».