Diario de León
Carmen Tapia
León

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SOMOS lo que nos queda por vivir. Con esta idea me manejo por la vida, aprendiendo de los errores, superándolos psicológica y físicamente en algunos casos, pero no dejando que pesen en mi espalda como una losa. Cargarse de equipaje impide levantar el vuelo. «Un hombre inteligente siempre se recupera de un fracaso, un hombre mediocre nunca se recupera de un éxito», escribió Hermann Hesse. No es tarea fácil. Exige una alerta constante para no olvidarse de lo real, después de que una experiencia vital consiga que, como en una máquina tragaperras, los colores se coloquen en su orden exacto. Los principios de año siempre son la ocasión perfecta para plantear nuevos propósitos y cambio de hábitos. Pero la vida no empieza cada 1 de enero y los acontecimientos diarios nos pueden alejar de la realidad, de lo que verdaderamente importa, porque es fácil que la corriente arrastre nuestras intenciones por otro camino que no es el que deseamos. La idea del futuro mueve nuestros actos de hoy y marca cada una de nuestras elecciones, que dejan atrás miles de vidas no vividas, esas que podrían haber ocurrido si la decisión tomada hubiera sido diferente. La felicidad, ese concepto incoloro e inodoro no es, sin embargo, insípido. Existen millones de felicidades, tantas como personas en el mundo, y son diferentes en cada una de ellas. No hay nada escrito. Cada persona marca su propio destino, «se hace camino al andar», dijo Antonio Machado. Por eso, en esta primera columna del año, no deseo los tradicionales salud, paz, amor y trabajo porque incluso la ausencia de todos ellos puede significar el inicio de una vida mejor. Los orientales utilizan la misma palabra para definir crisis y oportunidad. Pues eso, feliz Año Nuevo cargado de oportunidades.

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