LA GAVETA | CÉSAR GAVELA
La Caja grande
LA COMUNIDAD de Castilla y León es muy vasta, tan grande como Portugal, pero su población está muy lejos de doblar la de la provincia de Alicante, que ocupa veinte veces menos espacio. Castilla y León pinta poco en el concierto nacional, tal vez porque más que una comunidad, o dos regiones, es, sobre todo, la suma de nueve provincias.
De nueve mundos bastante diferentes aunque parezca raro, dada la semejanza geográfica e histórica. Pero lo cierto es que las gentes de Soria no tienen tanto que ver con las de León, ni las de Salamanca con las de Palencia, ni las de Zamora con las de Segovia; ni las de Ávila con las de Burgos. Tal vez Valladolid, sea la provincia que mejor se acompasa con las demás, dada su posición central, aparte de ser la sede del parlamento y gobierno autonómicos. Pero sin mayor entusiasmo. Esta evidencia perjudica la percepción que de la comunidad se tiene desde fuera. Aparte de que ya es un buen lío que exista otra región, también enorme y despoblada, que igualmente se llama Castilla, porque Castilla es. Ello provoca confusiones e ignorancias. Que se ven favorecidas por unos planes de estudios que son incapaces de ofrecer algo básico: una clara visión del conjunto nacional a los alumnos españoles.
Es conveniente que existan instituciones que favorezcan la visibilidad y viabilidad de la autonomía leonesa y castellana. Un buen paso sería que las nueve provincias tuvieran una gran caja de ahorros. Una gran entidad de crédito que, amparada en la proverbial capacidad ahorrativa de la población indígena, pudiera competir en el duro mercado español de las macro-cajas: La Caixa, Caja Madrid, Unicaja, Bancaja, la CAM o Ibercaja.
Las nueve provincias de Castilla y de León tienen seis cajas de ahorros. Dos de ellas son más grandes, Caja España y Caja Duero, fruto de fusiones anteriores; y las otras cuatro, pequeñas. Entre ellas está la Caja del Círculo Católico de Burgos, un nombre sensacional. Parece ser, empero, que esta caja piadosa tiene un régimen diferente que no haría tan fácil su integración en la gran caja mesetaria. Pero eso no importa mucho, porque lo que parece imprescindible ya, y sobre todo a causa de la terrible crisis económica que padecemos, es que se fusionen las demás cajas. Fundamentalmente, las dos grandes, Caja España y Caja Duero.
Ahora bien, no es nada sencillo este proyecto inevitable. Porque hay muchos intereses prendidos de esas instituciones financieras tan extrañas por otra parte. El principal, que existen muchos cargos inanes en estas entidades que funcionan como poltronas para situar a políticos descabalgados y entristecidos. Pero, claro, los intereses de esos señores no son los de los dos millones y medio de castellanos y leoneses. Que necesitan una gran entidad financiera, como también la necesita la propia comunidad para mejorar su posición en el concierto político y económico estatal. Donde cada autonomía lucha a muerte por sacar cabeza. En todos los órdenes. El empeño no es fácil, y basta con pensar en algunos aspectos que parecen menores. Por ejemplo, el nombre. ¿Cómo se llamaría esa caja? Parece lógico que se llamara Caja de Castilla y León. Porque Caja España-Duero no es de recibo. Y porque el Duero no involucra a toda la comunidad, como bien sabemos los bercianos.
En cuanto a la sede, tal vez podría ser una de las capitales pequeñas, para no levantar mayores enfrentamientos. Palencia o Zamora por ejemplo, incluso Ávila o la remota Soria. ¿O por qué no Astorga o Toro? En todo caso, esa capitalidad podría ser poco más que simbólica para que los centros de trabajo actuales de las cajas no sufrieran mayores sobresaltos. A mí me gustaría que la nueva entidad se llamara Caja de León y Castilla. Por ir alguna vez los primeros en el nombre, no en vano el reino de León es el más antiguo.