MAR DE FONDO | CARMEN TAPIA
Médicos
VIVO el final de segundo de bachiller en este curso escolar con más angustia de la que recuerdo de mis años de estudiante de COU y selectividad. Ahora no vale con aprobar con más o menos buena nota. La presión por una media que permita acceder a la carrera deseada hace que la competición se adelante a niños y niñas de diecisiete años sobrepasados por un futuro incierto. Especialmente intensas son las horas de estudio que dedican los que quieren acceder a una facultad de Medicina. Los posibles o frustrados futuros médicos hincan los codos para alcanzar un 8,5, nota media de corte para entrar en una facultad. La negativa de la Consejería de Educación de crear más facultades, convierten una vocación en una competición a la que acceden los más brillantes, pero no siempre los que más vocación tienen, o si no que se lo pregunten al nobel Ramón y Cajal. Pero no todo acaba ahí. Un español, para trabajar como médico adjunto o especialista en el área de Urgencias, por ejemplo, necesita, además de un excelente expediente académico en bachiller, seis años de carrera, un año de preparación de examen MIR y cuatro años mínimo de formación en medicina familiar y comunitaria. Sin embargo, hacen falta médicos y para cubrir esa carencia la administración está homologando títulos a ciudadanos extracomunitarios con sólo la licenciatura y los pone a trabajar en Urgencias, como ocurre en León, casi sin preparación práctica. El esfuerzo siempre merece la pena, aunque los resultados sean escasos, pero esta política de la administración convierte en frustradas posibles brillantes carreras. Las familias con más recursos pueden abrir más puertas, a través de las universidades privadas o estudios en el extranjero, aunque tampoco está garantizado el trabajo digno.