La fusión de cajas cambiará el mapa
Crónica semanal manuel campo vidal
La fusión de cajas de ahorros que está llegando a marchas forzadas, cambiará el mapa del poder España. Y no sólo desde la óptica económica. Estamos en la antesala de una recomposición del poder que afectará sensiblemente a las autonomías. Los dos grandes partidos coinciden en Madrid en que esa no es mala noticia, excepto para los directamente afectados. De haberse planteado la fusión de entidades de crédito de distintas comunidades hace dos años, todavía en bonanza, el incendio hubiera sido espectacular. Cuando saltó la crisis de Caja de Castilla-La Mancha hubo una refriega inicial entre PSOE y PP pero pronto se impusieron los números. Hoy en día, aunque ninguno lo confiese, casi todos los presidentes autonómicos dedican buena parte de su jornada laboral a la remodelación del mapa de cajas en la parte que les toca. Saben que no es sólo cuestión económica. La acumulación de poder en las capitales autonómicas, tal como se ha entendido hasta ahora, está en crisis. Hablamos de «fusiones» pero, casi siempre, esa palabra no es más que un eufemismo de «absorción». Los poderes autonómicos y provinciales se resentirán. Si CajaSur es absorbida por Unicaja, Córdoba perderá poder a favor de Málaga. Pero todo queda en Andalucía. Por eso la Junta andaluza se opuso a que Caja Sur negociara con Caja Murcia, autonomía del PP por mayoría absoluta.
Los presidentes autonómicos limitan los movimientos de sus cajas para que todo quede en la Comunidad. Es el caso de Caja Duero y Caja España o la concentración de cajas catalanas en dos grupos inspirada por José Montilla. Por un lado las de mayor raíz pública -influencia de las diputaciones- a saber, Girona, Tarragona y Caixa Catalunya y, por otro, las de la Cataluña interior, Manresa, Penedés, Sabadell, Terrasa y Manlleu. La Caixa, la que preside Isidre Fainé, quedaría inmutable ya que no es de ese mundo; como Caja Madrid, escenario de las guerras púnicas entre Esperanza Aguirre y Ruiz Gallardón.
Pero a pesar de esos esfuerzos de catalanes, vascos, canarios y c astellanos del norte, el desbordamiento de límites autonómicos será imparable. ¿Cómo fusionar las valencianas Bancaja y la CAM si las dos sufren problemas?. ¿O donde van las dos extremeñas si aún sumadas no tienen dimensión? ¿Con quién se aliarán las pequeñas entidades de Cantabria, La Rioja, Jaén o la minúscula Caixa Laietana, de Barcelona, que no entra en las quinielas?. ¿Quién se quedará con la de Castilla La Mancha cuya digestión no soportaría Caja Guadalajara?.
Todos los interrogantes se resolverán en buena parte antes de fin de año. Octavio Granados por el PSOE y Cristóbal Montoro por el PP negocian intensamente el nuevo mapa y están de acuerdo de entrada en algo muy importante: más poder para el Banco de España y menos para las autonomías. Esa es la música de los acuerdos. La letra la pondrán fríamente los números, producto de la deficiente gestión, y la complementariedad de mercado.
A la caza de oportunidades, fuera de sus límites autonómicos, están las fuertes del segundo nivel, las cajas que juegan la UEFA pero quieren estar en Champions, como Unicaja, CajAstur, Cajasol, Ibercaja, las dos gallegas, Caixa Galicia y Caixanova -poco o nada compatibles entre ellas-, Caja Murcia y poco más. El resto, o encuentran cobijo en su Comunidad, o tienen el destino marcado. Y para un presidente autonómico no deja de ser un drama que se le escape la posibilidad de descolgar el teléfono y que se le ponga firmes el ejecutivo de su caja cercana. Hasta los patrocinios de entidades deportivas y culturales probablemente se resentirán.
La remodelación del mapa de cajas de ahorro creará el clima apropiado para reducir la politización de las Cajas de Ahorro y en eso está casi todo el mundo de acuerdo con excepción de quienes tienen la potestad de mover hilos y nombrar consejeros. Pero la crisis y la fuerza de los números se impondrán a esa resistencia. Si de la Vicepresidenta económica Elena Salgado dependiera, antes de Navidad. Agárrense que vienen curvas. La remodelación del mapa del poder no se hace sin sobresaltos y algún disgusto.