el legado (10) | victoriano crémer
Hacienda y los bomberos
La Señora de la Excelentísima anda preocupada con la necesidad que la provincia siente y la Hacienda de los impuestos que el personal teme como a un incendio. Y no sabe cómo comportarse para cubrir esta doble preocupación que está amenazando con alterar definitivamente la línea de comportamiento social y político de la Nación de Don José Luis Rodríguez. Hubo un tiempo en la compac ta Historia de la tierra de Don Suero en el que los vecinos apenas si prestaban atención a lo uno y a lo otro. Y los contribuyentes acaban en morir con las deudas y las multas puestas.
El fuego, los bomberos y la Hacienda de cada año son, continúan siendo, los más graves y preocupantes datos de la biografía leonesa. Aquí el que no debe al Banco o a la Caja, anda como el perro del Tío Mocazos; arrastrando el culo por los baldosines o clamando al santo encargado de tutelar los incendios, antes de chamuscarse.
Al fin de tantísimas angustias la Diputación, el Ayuntamiento, la Junta y no sabemos si también el Servicio policial, ha tomado cartas en el asunto y se dispone a establecer un Consorcio (ignoramos su función y su importancia en la vida de los pueblos) para garantizar bomberos a todo el mundo. Y así como antes se declaraba: «Ni un español sin pan», hoy estamos obligados a proclamar: «Ni un español sin bombero», o si se prefiere la promesa electoral: «Ponga un bombero en su vida»...
Habrá, pues, bomberos para todos y Hacienda para los confiados. Durante todo el año, el ciudadano más o menos contributivo, espera con angustia la llegada de la hora precisa de llamar a la puerta de la sólida Institución, y con lágrimas en los ojos, declarar su total insolvencia y la inutilidad de sus esfuerzos para contener el rigor de los incendios.
Conscientes de esta necesidad general, infinitamente más prioritaria que, por ejemplo, las tasas municipales para obtener el derecho a disponer del agua de los pozos artesianos, ha movido la conciencia y la voluntad de los señores de la Bomba y al Tributo a cumplir con su deber. Y así que se sucedan episodios más saludables, montaremos parques para bomberos de verdad, no como aquellos de los cuales quedó burla y coña maragata: «Los Bomberos que a Valencia fueron / y un incendio pretendieron apagar / tan sólo el ridículo hicieron / porque a la bomba de los bomberos / la dio por no funcionar... Y ya, según se debatían los gravísimos problemas de la crisis, el humilde contribuyente se acercaba a Hacienda y humildemente confesaba hasta los pecados veniales Y cuando ya, cumplidos sus obligaciones (porque a la fuerza ahorcan) el despojado feligrés regresa a la parroquia se sentía tan limpio de preocupaciones económicas que para tomar el cafelito de las once, tenía que pedir un crédito a Caja España...
De todo corazón y por la cuenta que nos tiene deseamos a Don Paco y a Doña Isabel suerte, vista y al fuego..
La Bonifacia que a Valencia fue / y un incendio intentó apagar, / tan sólo el ridículo fue a hacer / porque la dio por no funcionar...
Nota: Fallecido el pasado día 27 de junio a los 102 años de edad, Victoriano Crémer había adelantado, según su costumbre, una serie de artículos que el Diario de León, interpretando que cumple la voluntad del autor, publica bajo el epígrafe El legado y la referencia numérica de cada uno de ellos.