Recetas para durar
El rincón | manuel alcántara
Amuchos seres humanos les ha parecido una gran contrariedad venir al mundo, pero a un mayor número le parece peor tener que abandonarlo. Ahora, en los países desarrollados, que son menos de los que así se denominan, se están ensayando unas pastillas para detener la vejez. Son unas píldoras de vehemente color rojo guindilla y se han experimentado con gran éxito en los ratones. Se están buscando antioxidantes en las farmacias de guardia para que nadie pueda decir eso de «vencida por la edad hallé mi espada» y la verdad es que se están logrando importantes avances. Ahora se vive más, mejor dicho se duda más, pero desgraciadamente no se ha alcanzado a prolongar la juventud, ni el divino tesoro de la madurez, sino la decrepitud. Una inmensa conquista de la ciencia esa de hacer posible que cuando uno esté hecho una birria lo siga estando durante largo tiempo. Hay expertos en fisiología que calculan que los seres humanos, con los que guardan cierta semejanza, están programados para vivir 120 años y presenciar muchos relevos de concejales y muchos campeonatos de Liga. Si llevan razón, llegará una época en la que todas las generaciones anteriores se consideren integradas por malogrados. Se dirá que los llamados «más viejos de la localidad», que dicen siempre que hace más calor que nunca, murieron en plena juventud.
De momento hay que agradecerlo que nos suministren, aunque sea a destiempo, la receta de la longevidad, que tan preocupado tuvo en su momento al doctor Fausto y a don Ramón Menéndez Pidal. Los expertos en geriatría, que casi siempre mueren antes que los bohemios, recomiendan comer poco, dormir a oscuras y mantener la curiosidad. Lo mismo que aconsejaba el gran Azorín, al que yo visité cuando era una momia. Egregia, pero una momia.