Diario de León
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León

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Canto rodado | ana gaitero

La libre dispensación de la píldora del día después en las farmacias llegó con sarpullido mediático. La «bomba hormonal», como la bautizaron los sectores antipíldora, se hizo explotar sobre una de las zonas más sensibles de la polémica: la dispensación a menores de 16 años. Se ha utilizado el filón de tal forma que parece que todas las usuarias de la píldora postcoital tienen menos de 16 años.

A ninguna madre que se le pregunte le gustaría que su hija tomara la píldora postcoital sin saberlo. Desde luego, a todas nos gustaría que nuestras hijas tuvieran la confianza para contárnoslo... Nos gustaría que no tuvieran que enfrentarse a esa decisión... y, ¿qué más? Posiblemente también nos gustaría que nuestras hijas no tuvieran relaciones sexuales antes de determinada edad, etc. etc. etc. Y desde luego que no tuvieran que verse ante la tesitura de decidir si continuar o no un embarazo a tan corta edad.

A partir de los 13 años, nuestro ordenamiento jurídico deja claro que una/un menor tiene madurez para mantener relaciones sexuales de forma voluntaria. La cuestión no es si está más cualificada la medicina o la profesión farmacéutica para decidir si una menor tiene derecho o no a la píldora sin consentimiento del padre o de la madre. Se trata de si la sociedad está dispuesta a preparar responsablemente a chicas y, también a los chicos, que ya es hora, para afrontar la sexualidad.

El sexo y, especialmente el de las mujeres, es un tabú. La sociedad va a la velocidad del Ave en sus usos y costumbres y a paso de burra en su mentalidad. A las chicas se las hace únicas responsables de embarazos no deseados, se las medica contra el papiloma humano... Y las hormonas se acomodan a esa mentalidad patriarcal: son bombas cuando las mujeres deciden y panaceas para la menopausia, para la reproducción asistida...

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