Diario de León
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El corro | pedro vicente

Al límite del plazo fijado por el Banco de España, Caja España, Caja Duero y Caja Burgos darán hoy el primer paso formal hacia su fusión. El tira y afloja mantenido hasta el último momento se ha saldado con una especie de acuerdo salomónico que reparte los centros de decisión de la nonata entidad resultante entre las tres capitales cabeceras de las cajas engendradoras. Pese a que algunos han lanzado las campanas al vuelo, el proceso de gestación se presenta aún muy delicado, con un nasciturus expuesto a múltiples riesgos. No en vano procede de un embarazo inducido, cuyo logro ha sido posible tras una ardua negociación mantenida bajo la doble presión del Banco de España y del frente político formado por la Junta, el PP y el PSOE de Castilla y León. Las tres cajas en danza, independientemente de su tamaño, han reivindicado para sí el liderazgo de la operación. Caja España por ser la primera en tamaño, Caja Duero por ser supuestamente la que se encuentra en mejor situación financiera y Caja Burgos, la menor y la última llegada al baile, por considerarse la más eficiente y mejor gestionada. Para que las tres pudieran aceptar el embarazo ha sido preciso ese reparto, que de momento zanja el insalvable escollo de determinar una sede única.

Ha de tenerse presente que ni Caja España, ni Caja Duero y menos aún Caja Burgos se hubieran planteado unir sus destinos de no ser por la asfixiante presión ejercida por el Banco de España que, ante la negativa de la Junta a autorizar fusiones con cajas de otras comunidades, optó por forzar la de las tres principales de Castilla y León. Por mor de esas circunstancias la paradoja es que las mismas cajas que hace un año rechazaron el noviazgo que quiso imponerles la Junta se han visto abocadas ahora a aceptar el embarazo previo a su matrimonio de conveniencia.

Ante la amenaza latente de una eventual intervención del organismo supervisor, a los consejos de administración no les ha quedado otro remedio que dar el sí, pero un sí pronunciado con un entusiasmo perfectamente descriptible y mediante esa fórmula de compromiso que salva transitoriamente el espinoso reparto de la dote. La presión del Banco de España se ha complementado con la mediación casamentera de la Junta, el PP y el PSOE, muñidores del compromiso a base de desplegar conjuntamente toda su capacidad de influencia sobre los presidentes y consejeros afines con que cuentan en las tres entidades.

Pero que nadie se engañe: lo que el presidente Juan Vicente Herrera ha calificado de ejercicio de «autonomía responsable de las cajas» en realidad ha sido producto de un posibilismo condicionado por la dinámica del Banco de España y mediatizado por el frente político constituido al efecto en la comunidad autónoma. El descarado afán de control político que aglutina a ese frente es a partir de ahora el mayor peligro que se cierne sobre una criatura que, no se olvide, ha de ser preceptivamente adoptada por las asambleas generales de las tres cajas. Sin olvidar tampoco a todo esto que, si el alumbramiento llega a buen término, el neonato no pasará de ser una caja regional muy similar a la constituida hace años en Castilla-La Mancha.

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