Diario de León

Cornada de lobo | pedro trapiello

Dios y el ruido

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pedro trapiello
León

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Empezó el porrompompón hace ya unos días. Guárdate de los estruendos, dijo Ananías a su discípulo adolescente: Dios nunca está en el ruido. Pero aquí asoma ya la ostentosa devoción que se tiene a la fe de relumbrón, la fe de media genuflexión con empujón, esa fe en la gala y el ropón... una fe del copón que, aunque es fe de carbonero, desfila marcial y guerrera con su despampanante teatro litúrgico aturdiendo la calle, exagerando el misterio, desgañitando tararís patibularios contra las nubes y voceando su oración con tamborrada de trueno... seguramente, piensan que Dios debe ser algo sordo de nacimiento y que se mostrará refractario a sus súplicas si no se berra la liturgia y se mete decibelio con timbal a la plegaria.

Guárdate del ruido, insistió Ananías... y cuídate de los idus de marzo, de los venidus de abril y de los fariseos... desconfía de los santones que se ponen el cilicio sobre el sayal y de los que pujan los pasos esperando que les salga un cardenal bien gordo en el hombro que les haga después obispos o abades o seises o vicetesoreros terceros de la « Cofradía Penintencial de Jesús del Amor Hermoso y de la Virgen de los Esparabanes, Reina y Madre del Pueblo Cazurro ».

Ananías está espesito y pesadito: ¿Por qué los que buscaron a Dios con el vivo deseo de encontrarle se piraron siempre al silencio claustral y fecundo de los desiertos o se clavaron con puntas a grutas de perdidos andurriales donde el viento da la vuelta y, sin embargo, jamás intentaron escuchar al Cielo en ninguna ciudad, en la plaza de las ceremonias, en la salmodia canturreada de los templos o en el bullicio mercantil de los atrios?.

Sí, pero esto es tararí, pura pasión, tradición y guarnición. Se vive la ilusión. Si no lo crees, cuenta esos arrebatos de lágrimas sinceras si se frustra la celebración, qué decepción. Llora el papón si se abortó la procesión, lloran las falleras si arden los ninots, lloran los borrachos «tristes de sí» al expirar los sanfermines y llora la bruta grada si su equipo marró el gol de la victoria o la revancha... ¡y qué bien se lo pasa la gente cuando llora de emoción, uy, qué a gusto queda!... y si añaden mucho porrompompón, a Dios ni se le oye... qué más pedir... porrompompón...

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