Miedo al miedo
A la última | rosa villacastín
Conversación con un taxista ayer mismo: «la situación me da miedo, que aumenta cada vez que veo la tele, oigo la radio o leo los periódicos. A los periodistas no les gusta más que dar titulares llamativos para vender más, una falta de rigor con la que ya tenemos ya encima». No es la única charla que mantengo en los últimos tiempos con el gremio de taxistas y con gente de lo más variopinta, lo que me hace temer que la situación se está generalizando y que todavía puede empeorar. Encima, la primavera no acaba de asentarse y aunque nos queda «la roja» tampoco es para creernos los amos del mundo.
Miedo, una situación sicológica que depe nde más del exterior que del interior. Por ello, me consoló un artículo firmado en El País por Miguel Boyer. Hacía un recorrido por las variadas crisis económicas que han afectado a nuestro país desde los años del petróleo y se fijaba en cómo a pesar de todo lo que tuvieron que hacer cuando los socialistas comenzaron a gobernar, Felipe González extendió doce años más su mandato. O sea, que hay que hacer lo que haya que hacer en cada momento. Pero este momento no es el del 2009 porque esta primavera nos ha traído un emborronamiento del que no sabemos bien cómo vamos a salir. Frente al miedo, confianza. Cuando llega un momento como éste confío en los que son capaces de sobrevolar las situaciones, aplicar algo de sentido común y ver las cosas no desde la pugna partidista sino desde las recetas de libro aunque puedan parecer frías. Si en este país hacen falta reformas estructurales y vemos que están empeñados en ellas Gobierno, sindicatos y empresarios cada uno con sus intereses diferenciados, tendrán que llegar a un consenso. Si en este país vemos todos que hace falta más confianza tendrán que luchar por ella todos, cada uno en su papel. El Gobierno comunicando bien y no cometiendo equivocaciones de manual La oposición... pues eso, haciendo de oposición no de vocingleros que parece que buscan el muy español «cuanto peor, mejor». Los sindicatos, mirando por los parados, no sólo por los que trabajan. Los empresarios, cambiando a un presidente de la patronal que ha quedado desauto rizado por sus propias circunstancias. Y lo demás, esperar a que escampe.