CORNADA DE LOBO
Castañeando
U n magosto con autoridades presentes jamás se vio antaño. Hogaño no hay magosto en el que no estén. Le pasó al buen magosto lo que al Carnaval, que le municipalizaron, le raparon el pelo montaraz y le pusieron cascabel.
El magosto nació gallego. Así se llama allí a la hoguera hecha al aire libre en tiempo de recolección de castañas para asar unas cuantas y festejar la cosecha después de la espinosa recogida en la que participaba necesariamente toda la familia, juntándose además la vecindad en este trajín. En León, pues, sólo había magostos en tierras de castaños, el Bierzo, la Cabrera, algo en la Cepeda o la Valduerna y se acabó (¡y si los había!, que no siempre); en el resto, se desconocían por completo y las castañas o eran cosa navideña o pilongas o algún cucurucho de castañero un domingo de cine en el Lemy.
El magosto de verdad era el que hacían mozos, mozas y arrimados con las castañas atropadas en el rebusco legal en castañares de propios después de que su dueño acabara la recogida (el rebusco era costumbre y ley por toda la provincia y se hacía también en patatales, garbanzales o espigando). Llegado el día del magosto, se asaltaban despensas para propinar la merendola y cada cual arrimaba vino de pellejo y orujos de rondón para recocer en la tripa la empapizada castañada. El escenario era un prado, la era, la calle, las afueras (o los adentros de algún corral, un cobertizo, un pajar cerca, algo ideal si la noche venía tendida y con calentón de brasa). Aquello era en toda regla un botellón macanudo, pero sólo les cabían dos o tres al año.
Y a zampar, De la panza saldrá la danza, de la danza se pasa a la chanza... y chanza con lanza es la usanza, venablos rimados pide el jolgorio, que salgan coplas para brindar arrimes y carcajadas: Si quieres ver lotería, bájame los pantalones y verás salir el gordo con dos aproximaciones ...Al fondo replica otro: En el canal de su pecho tiene mi niña un reloj y cuando marca la una, pongo la mano en las dos ... y así, meneando bromas brutas y pellizcos, se confirmaba la vieja regla: besos y roces no hacen bodas, pero tocan a vísperas , pues la caricia bruta y el amor puro a veces también se dan y se agüeldan .