CORNADA DE LOBO
Toma güiquiliqui
N adie puede decir que los papeles que está aireando Wikileaks sean mentira. Algún nerviosito o pánfilo se acoge al «de entrada, lo niego», pero datos y documentos son incontestables. La gente citada enmudece. Los jefes se desquician. Tiembla el misterio. La confianza mutua internacional es una escojonación bendita. Las cancillerías se alfombran con el escándalo y, durante algún tiempo, las sonrisas serán sólo dientes prietos en cada foro internacional donde tengan que saludarse los tipos de esta comedia de reparto tan nutrida de esperpentos y sonrojos. Los espectadores de todo el mundo (en su butaca o en su barranco) alucinan con cada detalle que se publica. En el fondo, son las recetas y los secretos de esas cocinas donde nos están estofando el hoy y lo que nos llegue mañana al bies (con su guarnición, por supuesto).
En la oficina del sheriff general, esa que tiene despacho en forma de huevo, hay nervios a flor de piel y mucho culo al aire. Por si los vientos y las moscas, Hillary ha vuelto al traje-pantalón y evita las faldas. Dice Viri (bruja ella y metiendo siempre insidia en la arruga ajena) que la Clinton parece haber envejecido tres años en tan sólo dos semanas porque los disgustos le están arando la cara, pero su amiga Lali (que es más cuza) dice que no, que esa es su verdadera cara y lo que pasa es que ahora no tiene todo el tiempo que se necesita en su caso para estucarse convenientemente porque anda parando avalanchas cada diez minutos.
Los embajadores de EEUU han lucido una sagacidad chata y desvergonzada en sus informes confidenciales. El yanqui de pescuezo colorao propendió siempre a ser un perfecto cagasentencias simplón cuando juzga a los demás o lo que desconoce, así que con todo lo que se está desvelando, hoy no harán muchos amigos; y algunos que lo son o parecían han tenido que cagarse en su estampa o en la tapia de atrás de su embajada. Vaya panorama.
Un senador republicano (y no será sólo él) quiere al soldado que reveló documentos de la guerra de Irak ante un pelotón de fusilamiento. Y al director de Wikileaks, en un plato con patatas fritas. El güiquiliqui se le ha subido a la cabeza. Y le arde. Peligro.