Diario de León
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ANTONIO NÚÑEZ
León

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C ómo estará el patio que ya ni a los expresidentes de gobierno les llega el sueldo a fin de mes. Felipe González ha tenido que ser rescatado, tal que si fuera griego o irlandés, como consejero de Gas Natural-Fenosa y José María Aznar por Endesa. Cobrarán en su pluriempleo ciento veintipico mil y doscientos mil euros al año, respectivamente, coincidiendo con la subida del 10% en el recibo de la luz. Una casualidad como otra cualquiera, así que cuando pague usted el mes que viene piense que está contribuyendo al sostenimiento de dos pobres de solemnidad, si es que no ha sentado a ninguno a la mesa estas navidades.

Debe de ser terrible que a uno lo desahucien de La Moncloa, donde no pagabas hipoteca, alquiler, luz ni calefacción, y encontrarte de golpe en la calle, aunque los niños sean ya mayores y se las vayan apañando con una recomendación o un buen braguetazo, dichas sean ambas cosas sin ánimo de señalar. A pesar de todo se pierde mucho en calidad de vida.

Cuando se hizo la transición democrática, antes de que esos dos pardales llegaran al Gobierno, hubo consenso en que debía darse temporalmente un sueldo a los exministros para que no cayeran en la tentación, una vez cesados o dimitidos, del tráfico de influencias en áreas que habían sido de su ordeno y mando. Para los expresidentes hubo unanimidad en que tuvieran escolta y un suelto vitalicio, por si acaso. Pero quitando a Adolfo Suarez, que con el alzheimer no se acuerda de los que le deben favores, y a Leopoldo Calvo Sotelo, que, cuando quiso volver a su empresa le dijeron que nones, tanto González como Aznar, ya jubilados, redondearon sus ingresos como asesores de los más variopintos personajes: el primero de millonarios caribeños y monarcas con chilaba y el segundo de magnates de la prensa internacional. Tiembla uno sólo de pensar en el destino de Zapatero cuando lo echemos de La Moncloa y caiga en brazos de Hugo Chávez, Evo Morales o Fidel, como le pasó a Barreiros, el de los camiones gallegos de nuestra infancia.

Esto de las eléctricas fichando a expresidentes es la pera. Los más jóvenes no lo conocieron, pero quienes pasamos de cincuenta y muchos tacos encendíamos en casa la luz -cuando la había- con un artilugio que precisamente se llamaba pera por la forma que tenía, conectada a unos cables forrados de tela que ya venían enredados. Apretabas un pitorro y, si había suerte, te alumbrabas. En cuanto a la calefacción eléctrica o de gas, no había. Sólo los ricos la tenían de carbón y los demás nos conformábamos con la cocina de chapa o bilbaina, que apenas daba para mudarse los domingos con una cazoleta de agua templada antes de ir a misa. Quién le iba a decir ahora al señor cura que predicaría en un país donde todos los pisos tienen dos baños con retrete y ningún feligrés.

Pero a lo que íbamos, no parece razonable que un expresidente de España, en este caso dos, ande por esos mundos de Dios como un viajante de feria vendiendo dos peines a un duro o lo que sea. Aunque le paguen bien. En esto mi compadre el gitano es más honrado y, sobretodo, austero. Servidor duda de que tanto González como Aznar hayan arreglado en su vida un enchufe o cambiado una bombilla. No digamos ya que sepan distinguir un watio de un voltio y la prueba está en cómo le va a la térmica de Compostilla y a los mineros. A servidor también le dan calambre estas cosas, pero no le valgo como asesor a Iberdrola y ni siquiera de comercial a comisión. Se ve que en vez de mandar siempre he sido un mandao.

Esto de la versatilidad en el empleo de los expresidentes de gobierno, los únicos que encuentran trabajo en el Inem, tampoco es nuevo en los cargos de medio pelo. Aquí mismo en León tenemos un alcalde que entiende de tenis -le llaman Paco «Raquetas» por algo- y un presidente de Feve, Angel Villalba, que en realidad es profesor de literatura a lo Machado después de presidir, tiempo ha, Caja España. «Hay un trágico viajero/que debe ver cosas raras/y habla solo y cuando mira/nos borra con la mirada». Don Antonio se refería a un trenillo normal de los que le llevaban de Segovia a Madrid cuando era pobre, no al Ave de Zapatero y, menos aún, a los tranvías de Villalba y el alcalde. Para no buscarme más enemigos quede hoy la lista como está, ay Leire.

Y dispare usted por elevación directamente al presidente paisano que en un tiempo record de siete años nos ha llevado a la ruina. Elemental.

Zapatero, a tus zapatos.

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