Diario de León
Publicado por
PEDRO TRAPIELLO
León

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La historia de una radio es mítica y peliculera. Cada emisora de este medio caliente es una enciclopedia de anécdotas, de momentos, grandes, de burradas, lagrimones y algún milagro perdido. Radio Popular de León, que ahora cumple cincuenta años, tiene la suya preñada de peripecias, sueños y logros. En el día a día de los once años que grapé mi oficio a esa emisora caben unas cuantas, pero el retablo es abigarrado y el espacio breve. Vayamos por lo mayor y aguarden detalles y chismes a otra ocasión.

Lo mayor es que, cuando llegué allí en 1973, era una radio del obispado, pero no parecía más de curas que las demás, bien al contrario. La capital leonesa tenía entonces sólo tres emisoras: esta, otra del Movimiento (con taconazo) y Radio León (privada y con modos)... y a la hora de las noticias, todas conectaban firmes y por decreto con Radio Nacional para dar «el parte» con su tararí en la sintonía.

Respiré en Radio Popular entonces el perfume de una delgada y vigilada libertad que nos permitió abrir micro a otras voces y sones que invitaban al cambio necesario y justo que esperaba España en aquellas postrimerías del franquismo, cuando ya la mitad de la Iglesia (incluso el Opus, apeado de su reciente poder) se pronunciaba abiertamente contra el Régimen hasta en cartas pastorales de obispos tarancones o añoveros a los que escarnecía cada día la prensa oficial.

Muchas radios populares no eran así (Cuenca, con Guerra Campos, era una trinchera federica), pero en la de León fue posible el aire fresco porque el director era un maestro (Teixeira) y la mitad del consejo eran un magistrado leído (Gonzalo Valladares) y un médico culto (Payo Losa), gente de fe razonada y alejada de beatos. Nos dieron margen y cuerda, hicimos informativos inéditos, programas atrevidos, encontró voz el mudo y sonó música prohibida. Se oía mucho Radio Popular. Fue gracias a ese triunvirato, más que nada, al que expresamente nombro por tributarle el honor y la deuda contraída... y porque es probable que no les recuerden en la fiesta ni les citen... pero con ellos descubrí que los efectos nocivos de la radio pueden hacernos más libres y menos analfabetos.

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