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PEDRO TRAPIELLO
León

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L os alemanes estaban moscas y recelosos porque nuestra economía crecía más que la suya y nos lo creíamos exigiéndoles una silla junto a ellos ampliando el G8. No podían creer tanto crecimiento y acusaban a España de jugar muy ladinamente con la inmigración barata y muy burbujeantemente con la construcción cara.

A palabras necias, oídos sordos, Fermín... tú sigue recalificando cuestos y barrancas y te coloco al hijo en el banco de jefe de informáticos como mínimo, te doy dos chalets para que le des uno a tu mujer con el divorcio y así te lías ya del todo con la buenorra de tu secretaria, perillán, vaya par de tetas tiene la tía, y la haces jefa de brigada, de gabinete o funcionaria plenipotenciaria... ¡con dos carretas!...

Los alemanes saben estas cosas. Tienen mucho suelo edificable y urbanizaciones en toda costa turística española (en Mallorca, un catapún). A veces dieron timos inmobiliarios a sus jubiletas, pero también los promotores alemanes pueden conocer a un primo de Fermín. No ignoraban, pues, que hacíamos más trampas de las que permite la Convención de Ginebra en las guerras urbanísticas y que esto era un tócame Roque que tendría que reventar.

Zapatero fue ligero de lengua con la Merkel una vez (creía que no ganaría las elecciones) y la sargenta germana le salió cancillera. Desde entonces, no cesa de darle collejas madrastronas cada vez que hay ocasión; y algún caramelo, claro, pero sólo si se come toda la papilla monetaria que está imponiendo Alemania en Europa, esa Europa encantada de recortarnos la cresta últimamente para que pasemos de gallo gallito a gallina caponata... y aquí nos tienen poniendo huevos sin parar... y sin cacarearlos.

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Para mayor sonrojo, nos ofrecen trabajo allí de emigrantes, como diciendo ¡aprended, pardales! Alemania crece y necesita sin falta seiscientos mil emigrantes cualificados, así que avanzará todavía más y nos sacará una ventaja insalvable... y con miles de jóvenes españoles que, pese al idioma, buscarán allí el futuro profesional o laboral que aquí se pudre. Se nos irá de casa lo mejor, los más preparados y valientes. Volveremos a emigrar. ¡Vente pa Alemania, Pepe! , decía Alfredo Landa.