Diario de León

LEONESES POR EL MUNDO. SHANGHÁI | Iván Rodríguez Ballesteros. asesor de comercio exterior

«Vine a aprender el idioma y me quedé»

Viajó a China hace tres años con una beca de la Universidad. No ha vuelto. Trabaja en una pequeña empresa que introduce productos españoles en el mercado asiático

Iván Rodríguez, en una de sus visitas a las montañas de Guilin.

Iván Rodríguez, en una de sus visitas a las montañas de Guilin.

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Sergio C. Anuncibay | León
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Nació en León el 11 de julio de 1981, y hasta los 19 años vivió en la calle del Arquitecto Torbado, junto a la plaza de las Cortes. Luego tuvo que irse a Madrid porque a su padre, militar de carrera, lo trasladaron a la capital de España, donde Iván Rodríguez Ballesteros terminó sus estudios. Siempre que puede vuelve a su tierra natal. Aquí vive su abuela, encuentra a los amigos de toda la vida y disfruta de rincones donde no hay cuna para mecer al mundanal ruido. «En León está mi casa y es a dónde quiero regresar. Siempre llevo conmigo una foto de Valdepiélago, a donde iba con mi padre a caminar por la montaña», recuerda .

Desde entonces su vida ha cambiado mucho. Reside en una ciudad con más de 22 millones de habitantes, Shanghái, a donde llegó de carambola tras probar suerte en el atascado mercado laboral español. Al principio, cuando aterrizó en China con una beca universitaria bajo el brazo, pensaba que su estancia en el país asiático iba a ser testimonial, un paso más en su formación para dedicarse al comercio exterior. «Vine a aprender el idioma y me quedé», responde satisfecho este joven leonés de 29 años. Hoy está perfectamente adaptado a las costumbres chinas aunque -asegura- echa «mucho de menos el olor a comida del Barrio Húmedo, la cercanía de su gente y, sobre todo, a mis amigos. Aquí todo es diferente. Es la ciudad más grande del país, la más pegada a Occidente, su verdadero motor económico», explica.

Trabaja en una pequeña oficina que sirve de enlace para administraciones españolas de cualquier rango, tanto autonómicas como locales: «Organizamos sus misiones comerciales, ponemos en contacto a los empresarios con el mercado asiático, les asesoramos para que introduzcan sus productos. China será el motor del mundo, si es que no lo es ya, es donde está ahora el negocio», describe este leonés, que encontró su vocación casi por casualidad: «Me licencié en Administración y Dirección de Empresas hace seis años aunque no tenía muy claro cuál iba a ser mi futuro. Entonces comencé a preparar las oposiciones para controlador aéreo pero como no salía ninguna convocatoria me matriculé en un máster de comercio internacional con prácticas por todo el mundo y a mí me toco ir a Beijing», celebra. Ahí pasó su primer año. «Estuve en las Olimpiadas y eso no se me va a olvidar nunca. Pude visitar Filipinas, Tailandia y Vietnam», recuerda. «Ahí vivía en el norte, con otros dos españoles, dónde están la mayoría de las empresas y los extranjeros», explica Rodríguez Ballesteros, quien ahora reside en una ciudad que nada tiene que ver con León. «Está llena de rascacielos y multinacionales pero también hay espacio para templos milenarios en un casco histórico que radiografía a la perfección el estilo tradicional», relata.

«La vida para nosotros es bastante cómoda porque a pesar del potencial de la ciudad aún hay mucha diferencia de clases y los sueldos son muy bajos para los locales», lamenta. Una de las cosas que más le llamó la atención es el carácter de la población china, «muy hospitalaria con el extranjero. Siempre están sonriendo y son muy familiares. Respetan mucho a los suyos, no como en España que hemos perdido los valores y estamos a la deriva», considera.

No concibe ya su futuro despojado de la experiencia que le ha reportado emigrar. «Quiero volver, pero no sé cuando. Todos los años, desde el primero, digo que éste es el último y aquí sigo», declara. Su intención, según subraya, es la de regresar a España, «probablemente a Madrid porque las cosas en León están muy chungas», y dedicarse a abrir mercado en Asia. «Mi idea es poder llevar productos españoles a países como China, Japón, Tailandia, Laos... Ahí hay un nicho de oportunidades gigante y es una muy buena fórmula para mitigar los efectos de la crisis», responde. De momento continuará formándose. «Aún me queda mucho para poder hablar bien el idioma», concluye.

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