Diario de León

LEONESES POR EL MUNDO. CHINA | Octavio Pulgar Méndez. lector en launiversidad de xiangtan

«No he visto jamás un rollito de primavera»

Octavio Pulgar Méndez, en la popular plaza de Tiananmen.

Octavio Pulgar Méndez, en la popular plaza de Tiananmen.

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marco romero | LEÓN
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China is diferent . Que se lo digan si no al leonés Octavio Pulgar Méndez, lector desde hace casi un año en la Universidad de Xiangtan, pequeña ciudad de unos tres millones de habitantes situada en la provincia china de Hunan. «No hay casi extranjeros, así que cuando vas por la calle la gente te mira. Y no te cuento cuando voy con amigos de Guinea o Costa de Marfil», confiesa este joven de mentalidad global. Pertenece a esa generación de jóvenes sobradamente preparados que busca un hueco en el mercado. Se licenció en Administración y Dirección de Empresas en la Universidad de León y estudió chino cuando ya hablaba inglés. Aprovechó una plaza como lector en la universidad de una ciudad que desconocía por completo, algo que más que convertirse en un obstáculo fue una motivación. ¿Y qué es ser lector en una universidad? Pues viene a ser una especie de preparador de alumnos chinos que estudian durante dos años el idioma y la cultura españolas para continuar después su formación en el campus universitario de León. Tiene un año de contrato, prorrogable a dos. Por supuesto que Octavio lo ha ampliado y retomará el curso después del verano.

Cobra un sueldo con el que se maneja perfectamente en la ciudad donde vive, porque, dice, las diferencias económicas entre ciudades «son enormes». «No se puede comparar con Shangay o con Pekín; Xiangtan es otra historia». Para empezar, el idioma: «Aquí vienes con el chino y después te das cuenta de que te sirve de poco porque cada ciudad tiene su dialecto; sólo hablan mandarín en la universidad, pero fuera de ese ámbito...». Tan complicado como que dos conciudadanos chinos de dos provincias diferentes no se entienden.

¿Anécdotas? Las que puede dar de sí un país con 1.300 millones de habitantes. «Durante el primer año universitario, los estudiantes tienen ejercicios militares. Van vestidos de campaña y todo eso, pero yo es algo que no sabía. Pues un día en el campus de repente empiezo a ver a unos 500 militares corriendo hacia nosotros». No tiene palabras para explicar lo que sintió hasta que se dio cuenta que el grupo corría hacia ellos para recibirles. «Nos empezaron a dar abrazos como si fuésemos Messi o Ronaldo».

Salir de la tierra de la cecina hacia el gigante de la comida empaquetada puede convertirse en un suplicio si se hace con prejuicios. Pero después nada es lo que parece. «No he visto jamás un rollito de primavera», asegura. «Vienes a China acostumbrado a los restaurantes que conocemos en España, pero no tiene nada que ver. Aquí cada provincia tiene su propia idiosincrasia y en mi provincia es todo picante». Al principio, como todo proceso de adaptación, lo pasó «mal», «pero ahora como arroz y verdura todos los días sin problema; eso sí, todavía sigo pegándome con los palillos».

En la vida universitaria no pueden faltar las fiestas y en China no son muy diferentes, a excepción de los horarios. «Salen como a las siete de la tarde y cierran los locales a la una o dos de la mañana, pero quedan abiertos los karaokes». Uno se puede imaginar cómo es recibido un español que se atreve a interpretar en público canciones con letras en chino mandarín: «Con muchísimo cariño, les encanta». Tanta importancia dan al turismo en este país que surgen propuestas de lo más delirantes. «Que un extranjero entre a comer en un restaurante da la imagen de que ese local es bueno. Yo conozco a una pareja extranjera que su trabajo era ese, ir a comer y cenar gratis en un restaurante». «¡Lo que no pase en China...!», exclama. Por ejemplo, que un grupo de operarios levante un hotel de quince plantas en sólo seis días. «Si eres extranjero, aquí te puede ocurrir cualquier cosa».

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