Diario de León
Publicado por
ANTONIO NÚÑEZ
León

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V an a tener razón los anglosajones, como siempre, cuando no salen de casa con el pie izquierdo en viernes y trece por considerarlo un día infausto. Aquí somos gafes hasta para equivocarnos en eso y nos santiguamos los martes y trece con menos gracia que la pareja de humoristas del mismo nombre, los cuales, dicho sea de paso, dan pena de la poca que tienen. Así las cosas el último viernes trece del calendario el país se dio tres sonados batacazos de los que aún anda convaleciente, a saber Repsol en la Pampa, la deuda pública en los mercados y el Rey en Bostsuana. Mala suerte, Mariano.

Pero vayamos por partes. Lo de Repsol con la Kirchner se veía venir cuando uno invierte en la tierra de la milonga por excelencia donde cuando no momifican el peronismo, como a Evita, la Perona, y su difunto general fascista, se ponen botox en la jeta tal que la actual presidenta. Otro vejestorio de aquel entrañable continente al que enviamos tantos bisabuelos para hacer fortuna y así nos lo paga. «Aunque por el apellido Kirchner no debe de ser de la familia», me telefoneó ayer por el celular un primo segundo de la tercera o cuarta generación que no pudo escaparse a tiempo de los nietos de Perón, más hundido que el Titanic . Y ahí sigue en el corralito y con menos plata en el Mar del Plata que la que le va a quedar al presidente catalán de Repsol, el compadrón Brufau.

Por cierto que, hablando de retornar a la Madre Patria con una mano delante y la otra detrás, se echa de menos que a Brufau no le hayan echado una mano, da igual una que otra, sus paisanos de la Generalitat. En eso el silencio ha sido sonoro, a lo mejor porque el catalán no es traducible al lunfardo, idioma canalla, universal y barriobajero de Buenos Aires —coño, qué nombre— en el que Discepolín compuso sus mejores tangos, por ejemplo Cambalache . Póngalo usted otra vez en la moviola porque la letra sigue de plena actualidad.

Respecto a la costalada de la deuda soberana —es un decir— española en los mercados internacionales hay pocas novedades como decía aquel fabricante de jabón de mi pueblo: «En mi casa el que no se rompe la crisma resbala». Ojo al carallo, Mariano, para los próximos patinazos en la escalera de las decisiones de gobierno a la gallega que ni subes ni bajas.

Por último y respecto al trompazo del Rey don Juan Carlos en Botsuana poco se puede decir ya que no se sobreentienda. La caza de pelo y pluma ha sido históricamente el deporte favorito de los Borbones desde la retatarabuela Isabel II, la Chata, que se afeitaba el felpudo con el general Narváez y otros espadones de la época (quieto, Matías Llorente, que te pierdes). Los republicanos con peor mala leche solemos decir que un Borbón «ni aprende ni olvida» y a lo mejor tenemos más razón que Ortega y Gasset. «París bien vale una misa», dijo uno de sus ancestros cuando la matanza de los hugonotes igual que el último a Franco en el Valle de los Caídos. Luego les guillotinas la corona por debajo de la coronilla y como si nada.

Servidor, que no es de colmillo retorcido, aunque sí perro viejo, lo siente de veras por el elefante botsuano que allá en tierras de Sudáfrica cayó a puro plomo lo mismo que un albañil parado del andamio. Bichos indefensos, en fin, a los que es difícil no acertar, incluso disparando al aire como cuando Franco los obreros volaban bajo en las manifestaciones. Mal asunto, Majestad, para los que tenemos memoria de elefante y las únicas trompas que nos divierten para cabreo del médico son las otras. Procuramos moderarnos, si bien como los Borbones tampoco tengamos remedio. «Pero por lo menos tú no causas esos estropicios», me invitó en la penúltima ronda el tabernero de cabecera.

Volviendo al asunto cinegético, guardo yo en casa una escopeta de balines, no tan potente como la de Froilán, con la que nunca me he dado un tiro en el pie ni apoyándomela farrucamente en la cadera. Sólo se usa para espantar a los pardales que, estilo Kirchner, le roban el pienso a mi perrín Duque, un cocker aristocrático donde los haya. Cuando quiera se la presto al Rey con vuelta. Por supuesto tampoco tiene licencia. Y en tocante a dónde ir de caza pasando desapercibido lo mejor es Cudillero, el simpático pueblo asturiano donde cada sábado sabadete nos juntamos la mitad de los casados de León para no levantar sospechas. Tiene muchas cuestas, pero hasta ahora no hemos metido la pata. Incluso somos famosos por conocernos todos sin que se entere nadie.

Tanto que el kioskero encarga los viernes el doble de periódicos del Diario de León que de La Nueva España .

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