Diario de León
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León

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Liturgia dominical

JUAN CARLOS FERNÁNDEZ MENES

A Jesús le preguntaron sobre el divorcio, «para ponerlo a prueba». Y es que había en Israel diversas tendencias para explicar la ley. Estaban la escuela de manga estrecha -en pocos casos está permitido el divorcio-, y la de manga ancha -divorcio por cualquier motivo-. Si Jesús se manifiesta estricto, tropezará con los liberales; si de manga ancha, con los conservadores. Él va al fondo de la cuestión. La Escritura no sólo aborda el divorcio que concede Moisés, sino el orden inicial de la Creación: «Al principio no fue así». El proyecto de Dios es otro.

Somos creados por Dios como hombres y mujeres, tan interrelacionados que «dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne». Este es el proyecto de Dios; que no lo rompa el hombre. Al desconocer el plan de Dios, algunos cristianos andan un tanto inseguros. No entienden el Matrimonio-Sacramento. Piensan que el Estado es un padre moderno, benévolo y comprensivo, que sabe de las dificultades de la vida y por eso establece una ley de divorcio, y que la Iglesia es la madrastra vieja, dura y áspera, que se aferra a la ley, sin importarle el sufrimiento de la pareja.

Otros contemplan la misma realidad acomplejados. Parecen esperar a que un día la Iglesia se abra a una legislación divorcista. No va a ser. La Iglesia puede entender que los paganos, desconocedores del Misterio de Dios, rompan decepcionados el pacto que un día firmaron ilusionados. La Iglesia, para ser luz y sal de los que llevan camino de no creer en el amor, ha de seguir proclamando el proyecto de Dios: «Serán los dos una sola carne; lo que Dios ha unido no lo separe el hombre».

¿Cómo se podrá creer en el amor, si el máximo exponente del mismo —el matrimonial— queda reducido a simple contrato-negocio de intereses transitorios? «Nos va bien, nos casamos; nos va mal, nos separamos». ¿Será eso amor, que es por sí mismo gratuidad, perdón y permanencia? ¿Cómo entender a Dios en su Alianza gratuita con el hombre, si muchas gentes opinan que, cuando surge el pecado -el defecto del otro-, lo mejor es dar por liquidado el amor? Romper el matrimonio es, además romper la imagen, visible y creíble, del Amor de Dios que por esencia es permanente y vivo.

Hoy necesitamos de parejas que sean, con su amor firme, un canto de esperanza. El amor irreversible no lo garantiza un contrato firmado, sino Dios que lo hace Regalo para la pareja y Sacramento para el mundo. Como Don se recibe con alegría y humildad; como Sacramento se anuncia para vida del mundo, porque significa «apuntarse sin condiciones» a un amor eterno, que es signo del Amor con que Dios nos ama.

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