Buscad «primero»...
Liturgia dominical
JUAN CARLOS FERNÁNDEZ MENES
En el hermosos relato del evangelio de este domingo se nos enseña que ser cristiano exige optar por confiar o en Dios o en el dios-dinero (o lo que se puede comprar y gozar mediante el dinero). ¿En quién confío realmente?
Jesús invita a apostar por unas formas exigentes de vivir, que no van con la mentalidad de hoy. La opción es clara: «Buscad como cosa primera el Reino de Dios y su justicia...». Esto es lo central en la revolución liberadora del evangelio (conversión). La lógica del Reino (a eso se refiere el término «justicia») supone un vuelco en la escala de valores, incluidos los que están detrás de los proyectos seculares de salvación que se propone el hombre. Idolatrar el dinero y el poder es poner la confianza en la posesión de los bienes de la tierra, lo que supone abandonar la confianza en el único valor absoluto, que es Dios. Si Jesús condena el amor a las riquezas no lo hace para que ante los bienes materiales seamos indiferentes o contrarios; lo hace porque desea que alimentemos la confianza plena en un Dios que es Padre-Madre amoroso, providente, acogedor, de acuerdo con la imagen de la primera lectura del profeta Isaías: «¿Es que puede una madre olvidarse de su criatura, no conmoverse por el hijo de sus entrañas? Pues aunque ella se olvide, yo no te olvidaré».
Pero confiar en Dios no justifica la pereza: las aves siguen «trabajando» para encontrar su alimento; los lirios del campo hunden sus raíces en la tierra para mantener su frescura. La vagancia está condenada por el sentido común y por el evangelio (parábolas de las minas y de los talentos). El humor discreto de Jesús descalifica lo ilógico de la zozobra humana: el hombre, que ni es lirio ni es pájaro, ha sido hecho a imagen y semejanza de Dios; por ello ha de ser providencia para sí y providencia para los demás, como enseña Santo Tomás de Aquino.
Además ocurre que Dios no nos impide ser nosotros mismos. Por eso Jesús, tras rechazar que vivamos desazonados, añade: «Buscad primero el Reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura». Es decir, que la confianza en un Dios providente hemos de vivirla como actividad, para que los planes de Dios de justicia y fraternidad cuajen en el mundo. En momentos de crisis como los actuales, todos tendemos a buscar con angustia lo que nos parece urgente y vital. Esta es la llamada y el reto de Jesús: No perdáis el ánimo. Dios no se ha olvidado de vosotros. Buscad con fe la implantación de su justicia. Lo demás llegará como consecuencia.