EL PAISANAJE
Money, money

E ntre personas a las que les sobra es de mala educación hablar de dinero. Por ejemplo en la Casa de Alba, cuya difunta duquesa, cuando el chambelán avisaba que le esperaban abajo los periodistas en el palacio tal o cual, seguía rizándose la pelambrera y ordenaba: «Pobrecitos, que les den de comer». De cómo trataron periódicos y televisiones el óbito de Cayetana, o sea de puta madre, deduce uno que hay mucho estómago agradecido.
En mi casa, por el contrario, sólo hablamos de dinero para llegar a fin de mes. Una ordinariez, oiga. E imagino que como la mía hay millones de familias plebeyas. La última vez que fui al banco a pedir un crédito me avalaba mi señor padre, otro Antonio Núñez y, ojo, de segundo apellido Alba. Pero no coló. «Mire usted», me dijo displicente y conmiserativo el director de la sucursal, «aquí sólo prestamos a quien no lo necesita».
En la España de seis millones de parados Rajoy no habla más que de primas de riesgo y de crecimientos no negativos, coño qué palabros. Es decir de dinero, como corresponde a un país pobre. Pero los obreretes no entendemos de macroeconomía, sino de la cesta de la compra y cómo llenarla, a ser posible todos los días. O sea que si Mariano no cambia este disco rayado perderá las próximas elecciones.
Y el nuevo líder zapateril del PSOE, Pedro Sánchez, hace lo mismo. Pide ahora que se derogue el Artículo 135 de la Constitución —qué murga de reformas constitucionales, macho— por el que se prohibe a las administraciones públicas gastar más de lo que recaudan. Aumentar el déficit le llaman a eso los economistas finos. Aunque cavilamos el director de mi banco y yo que, si España es una gran familia, no podemos permitírnoslo. No le digo a usted ya si en las próximas elecciones gana el de la coleta. Saque los ahorrines de Caja España Duero, banco Ceis, Unicaja o como coños se llame ahora, tal como la dejó mi colega de estudios en los Maristas, don Evaristo del Canto Canto, que aprovechó las lecciones más que yo, eso está claro. A lo que íbamos, meta otra vez el dinerín debajo de la teja, del ladrillo o del colchón. Por cierto, un pispo ha patentado ya el colchón con caja fuerte incorporada. Desconozco cómo se llama, pero se va a forrar. El nombre seguro que lo sabe Montoro y, hablando de camas, también la Pantoja.
Para el guaperas Pedro Sánchez el dinero público no es de nadie. A eso se le llama desparpajo y caradura. En mi pueblo, que es La Bañeza, todavía mordemos las monedas de a euro por si son falsas y, como no entendemos de economía, ahora que se ha levantado la veda, decimos que es tirar con pólvora del rey. Huele a elecciones con discursos políticos que van a degüello para que algunos puedan seguir viviendo del escaño. Serán en mayo, para después de que pase el elegante y gentil vuelo de las cigüeñas. Encomendémonos a San Blas, patrón de todos los pajarines que se aparean.
El que se lo monta bien es Artur Mas. Tiene una Cataluña arruinada y, de tupé fino como es, sólo habla de independencia. Para temas vulgares de dinero está al lado la Andorra de los Pujol. Hace bien, porque con sólo abrir la boca Mariano le manda un giro de miles de millones de euros. A veces pienso que la duquesa Cayetana era una pardilla pobrina.
¿Y qué hay de lo mío? No es mi caso, pero una estadística de las de fiar decía esta semana que más de la mitad de los contratos laborales para jóvenes no llegan a seiscientos euros entre tiempos parciales y por pocos meses, etcétera. Antes no, pero ahora las mozas se rifan a los mileuristas.
A Portugal, que cae al lado, servidor ha ido pocas veces. La primera fue cuando la revolución de los claveles y la última para comprar las toallas y apliques del cuarto de baño. No te jode, como todos.
Pienso volver ahora que el ex primer ministro Sócrates está en la trena por corrupción. Los mirábamos por encima del hombro y son un gran país. Aquí, por el contrario, dimite la ministra Ana Mato, se va a casa y no devuelve nada. Tenía un buga Jaguar de su marido en el garage de casa y no se enteró de dónde había salido. Leches, cómo serán los coches oficiales de esta buena señora. Hay que ver la vista, nada gorda, que tienen los lusitanos.
Le llevaré a Sócrates un bocata solidario de mis sociatas tiempos juveniles. Con veinte millones de euros que le han pillado le sobra.
Para mí un bacalao.