Diario de León

COSAS DE AQUÍ FUERA DE LEÓN

Un oasis leonés en Argüelles

El ‘Bar Finisterre’, del leonés Agustín Rodríguez, se reinventa para ensalzar en Madrid la gastronomía y los productos de la tierra con Astorga como referencia

Agustín Rodríguez Panero ejerce de maragato y forofo ademarista en Madrid

Agustín Rodríguez Panero ejerce de maragato y forofo ademarista en Madrid

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PACHO RODRÍGUEZ | MADRID
León

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La impronta leonesa en Madrid tiene múltiples ramificaciones y una de ellas es el Bar Finisterre, un histórico del barrio de Argüelles que traduce su pasión cazurra como dios manda: con casos prácticos en forma de tapas y productos leoneses, muchos de ellos de la huerta leonesa. Y esa es la propuesta renovada que surge tanto desde la vocación de extender lo bueno de León como el de reinventarse o morir. Y así desde hace menos de dos años su apuesta tiene un guión interminable: Lo que se ofrece en el Bar Finisterre (calle Benito Gutiérrez, 3) está enfocado a ensalzar y dar a conocer la gastronomía y los productos de León con Astorga como epicentro.

Agustín Rodríguez Panero, su dueño, iba para ingeniero de Caminos, «y era de los que aprobaba», matiza, pero la mili, y las dificultades económicas, dieron al traste con ese futuro que acabó en 39 años ya en la hostelería. «Cuando me di cuenta ya me dedicaba a esto del bar de manera profesional, y ahora sí que pienso a veces qué hubiera sido de mi vida con esa otra carrera», reflexiona en voz alta, porque corren malos tiempos hasta para el popular barrio madrileño, puerta de salida, cómo no a León, y que en su día fue un hervidero de universitarios y vecinos que hacían de la calle un lugar de plena actividad.

Pero al mal tiempo buena cara. Rodríguez Panero vive por la zona y hace gala de la resistencia leonesa, en su caso de Barrientos de la Vega: «Como no paro, y vivo aquí al lado, muchos días de invierno voy ya con la camisa de trabajo, en manga corta, y me dicen los vecinos: ¿Pero dónde vas así?», comenta con humor este leonés de 1956 que aparenta diez años menos.

Con el Ademar

Y a donde va es a un bar que hasta tiene una bandera de la provincia pegada en el techo, fotos del Ademar, las paredes llenas de imágenes, cuadros de León, y un rosario de productos leoneses que parece que el bar está situado en el corazón de la provincia. Y con el Diario de León, por cierto, por sus mesas: «Vienen muchos paisanos nuestros y les encanta leer vuestro periódico», asegura. Y él por su parte, completa el hacer patria con pragmatismo marca de la casa: por ejemplo, una tapa de morcilla, chorizo picante, cecina, picadillo de Astorga, queso de Valdeón... En definitiva, un espíritu gastronómico imparable que es justo destacar, cuenta con la aportación zamorana de María Ángeles Rodríguez, la mujer de Agustín Rodríguez, que aunque invadida por la esencia leonesa, conserva la suya propia, lo que no hace sino enriquecer lo bueno del Finisterre.

Así, de la despensa leonesa, incluida la huerta familiar, a la labor de Noelia Rodríguez, hija de ambos, imbatible en la redes sociales (su blog lo corrobora), este negocio es de los que merecen el eco más verdadero. Porque, por ejemplo, a este sitio se puede también ir a descubrir un suculento arroz a la zamorana... Que todo queda en casa.

Y lo bueno es que lo que se recita en sus cartas está de verdad y si se pide se materializa en el plato. Aunque también se pueden encargar los imprescindibles botillos del Bierzo o los cocidos maragatos. Es decir, que no vende humo, tal vez porque, aunque también se arrepiente un poco Agustín, huye como de la peste de la promoción vacua y del ventajismo de utilizar León sólo como escaparate. Así, como cantaban los Deicidas, antes que otros: «Bendito bar, bendito bar». En este caso donde León termina en Finisterre, aunque pongamos que hablamos de Madrid.

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