Diario de León
Publicado por
JUAN CARLOS VILORIA
León

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E l cocinero David de Jorge, alias Robin Food, se inventó hace años un micro-espacio para su programa semanal de gastronomía bajo la provocativa denominación de guarrindongadas . Sugería a sus seguidores que enviasen la receta de esos mejunjes vergonzantes que cada cual se ha preparado alguna vez en la intimidad contra todas las leyes de la gastronomía pero que a determinados paladares acaban gustando. El éxito fue instantáneo superando con mucho las expectativas del chef tanto en cantidad como en calidad. El problema es que al calor del fenómeno de las tapas y la eclosión de los mostradores de pinchos revolucionando la oferta clásica, las guarrindongadas han empezado a invadir el territorio serio de los bares. De repente parece que todo vale para atraer la atención gastronómica del público confundido por una saturación de oferta audiovisual de cocina en vena. Las gulas, el queso de cabra y el foie son ahora los reyes de la barra. Hasta hace poco la mayoría no sabía distinguir el foie del paté, pero en cuatro días el personal se ha convertido en un adicto al foie de pato con salsa de mermelada de frambuesa y cebolla confitada. Eso ya es una tapa moderna que según he visto con mis propios ojos los clientes devoran como si fuera un manjar. Luego tenemos a la vista una tostada con un langostino cocido ensartado del que cuelgan tiras de jamón serrano y en la base de todo un champiñón a la plancha. Se mezclan churras con merinas, queso de cabra con bonito en escabeche y gulas con pechuga de pollo. Lo llamativo es que muchos locales podrán exhibir orgullosamente que alguna de sus creaciones ha obtenido el primer premio del concurso de pichos del barrio, el pueblo, la capital o la provincia. Cualquier amasijo de huevo de codorniz con bacon, cebolla, gulas y tal si lo coronas con una rodaja de ese infame queso de cabra se convierte en altísima cocina de autor . Y entre tanto los clásicos tigres, rabas, tortillas variadas, bravas, huevos rellenos, gambas a la gabardina, se han convertido en un producto en peligro de extinción. La dictadura de la moda llega a la barra. Qué horror.

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