Diario de León

Todo atado, con amor

Casi la mitad de las parejas que se casan en León lo hacen ya con un contrato de capitulaciones. Prenupciales o postnupciales, los matrimonios no lo fían todo al ‘hasta que la muerte nos separe’ y optan por sellar, además de con un beso, un enlace que les evite complicaciones judiciales en caso de separación o divorcio..

Rocío Álvarez y Norberto Rodriguez, en el despacho de la abogada para firmar un contrato tras año y medio de matrimonio. DL

Rocío Álvarez y Norberto Rodriguez, en el despacho de la abogada para firmar un contrato tras año y medio de matrimonio. DL

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León

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carmen Tapia | león

«No es desconfianza, es organización». Así de claro lo tienen Norberto Rodríguez y Rocío Álvarez que se casaron en régimen de participación, un contrato de capitulación matrimonial hasta ahora relegado pero que cada vez gana terreno frente a la separación de bienes. «Hay que llegar a pactos por escrito aunque no tengo intención de divorciarme de mi marido», asegura Rocío.

La decisión de esta pareja leonesa ya no es la excepción. Casi la mitad de los enlaces leoneses se sellan, además de con un beso y con la promesa de amor eterno, con un documento en el que queda reflejado un pacto de distribución de bienes económicos en caso de separación y o divorcio. Son las capitulaciones matrimoniales. La mitad de las uniones (bien por la Iglesia o por lo civil) se hacen ya con un contrato prenupcial o postnupcial ante notario. En el Colegio Notarial de Castilla y León se registraron 547 capitulaciones de parejas leonesas en el año 2015, una tendencia que se mantiene estable en los últimos diez años en la provincia, según el oficial mayor del colegio, César Merino, pero que sube ligeramente en la Comunidad. En Castilla y León se firmaron el año pasado 2.982 contratos, 251 más que hace diez años. «Hace unos años empezaron a aumentar el número de capitulaciones y ahora ya es una práctica habitual. El más usado es la separación de bienes porque el contrato de participación sigue siendo menor», asegura el portavoz de los notarios de Castilla y León.

La principal característica del contrato del régimen de participación es que durante su vigencia cada uno de los cónyuges conserva su autonomía patrimonial y en el momento de su disolución entra en juego el principio de solidaridad entre ambos, generándose un derecho a participar en las ganancias obtenidas.

Dentro de las capitulaciones «cada pareja firma el acuerdo pactando unas condiciones diferentes según el valor de las propiedades que tengan. No hay un criterio fijo, todo se pacta», explica la abogada matrimonialista Charo Llamera. «Todo se puede pactar excepto lo relativo a los menores, que está prohibido por el régimen civil».

Rocío Álvarez fue la que más insistió para firmar un contrato. «Insistí porque estoy convencida de que, en caso de separación o divorcio, nadie tiene derecho a quedarse con lo que no es suyo. No es ético». Rocío ya ha pasado por la experiencia de un divorcio. «En mi primer matrimonio me casé en régimen de gananciales pero no supuso ningún problema porque nunca le reclamé nada. Tengo mi propio empleo y no le reclamé nada. Si pido igualdad predico con la igualdad. La custodia de mis hijos es compartida».

Esta leonesa habla desde la independencia y seguridad que le da disponer de un trabajo al que nunca ha renunciado, por eso la abogada Charo Llamera aconseja a las parejas que se asesoren. «Hay muchas cosas que se pueden pactar para que luego no haya sorpresas ni problemas. La gente tiene que asesorarse antes de casarse. Es un tema a tratar en pareja».

Norberto Rodríguez llega al despacho de la abogada en su segundo matrimonio, aunque él ya había firmado la separación de bienes en un anterior enlace. «Los catalanes nos llevan mucha ventaja en esto. Están más avanzados que nosotros. El acuerdo se hace en función de las propiedades que se tengan», asegura.

La mayoría de las parejas que buscan asesoramiento legal tienen ya propiedades. «Nada se puede pactar si no se tiene nada», asegura la abogada Charo Llamera. Los empresarios son los que más recurren a la firma de las capitulaciones. «Son profesionales que tienen negocios, participaciones y acciones. Otro perfil mayoritario es el del empresario que busca no involucrar al otro cónyuge en el caso de que las empresas vayan mal». Si hay gananciales se reparten hasta las deudas.

Los trámites legales tras una separación matrimonial en régimen de gananciales desborda emocional y económicamente a las parejas. Evitar y reducir al máximo las complicaciones tras la convivencia no es fácil. El conflicto monetario y el reparto quiebra las economías.

«No son precauciones. Es más práctico. Todo el mundo sabe a qué atenerse. Nosotros somos gente normal. Yo estoy prejubilado y hemos decidido optar por las capitulaciones», afirma Norberto Rodríguez.

«Aconsejo a las mujeres que nunca dejen de trabajar. Por mi experiencia como abogada he vivido en los juzgados situaciones que se pueden evitar, que afectan sobre todo a mujeres con baja cualificación laboral. Las que tienen una alta cualificación profesional no abandonan. Por eso es mejor asesorarse en cualquiera de las dos circunstancias. La firma de capitulaciones debería ser lo normal en un matrimonio», defiende Charo Llamera.

Las capitulaciones son contratos para pactar el régimen económico para después del que se acabe el vínculo matrinonial.

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