Diario de León
Publicado por
CORNADA DE LOBO pEDRO TRAPIELLO
León

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T odo lo que va en folleto turístico huele a gloria. El folleto vale como indicador, pero es poco fiable si se exageran las campanas, que es lo propio. Otra cosa son las guías de viaje; las hay buenas y malas, las hay de autor o de carraca editorial. De las guías uno se puede fiar más, pero también muchas son de encargo; por eso prefiero las que escribe un extranjero a las que firma el cronista local, pues lo que el primero no alcanza lo suple con una sinceridad que al segundo le está prohibida.

Por su sinceridad admirada, irónica o hiriente, me impactó la primera vez que leí «Viajes por España (manual para viajeros y lectores en casa )» del inglés Richard Ford, una amenísima y documentada crónica que un viajero del XIX trazó de la España más castiza o profunda, incluida esta tierra leonesa. Como toda su cámara era un lápiz enseñado al dibujo, nos pintó tal cual éramos y hasta él mismo se vistió de nosotros para hacerse algunos selfies (usó ropas populares españolas y viajaba con arrieros como uno más).

Hoy, el lenguaje turístico se inclina más bien a la foto tramposa y a prometer espectativas que suelen brindar chascos y el «aquí va a volver tu tía»... las trampas salen barrancas. Y algo de esto inunda las guías y folletos ahora que todo el mundo ha de vender turismos como panacea desesperada para aplazar la muerte de los lugares, pero el turismo también daña, degrada (véase el aberrante urbanismo del puerto de San Isidro o el desprecio a la arquitectura propia de Valdeón que lleva a odiosa comparación con la vecina Asturias o Cantabria). Yo mismo contribuí en algún caso al desuelle, pues en guías y viajes desvelé algún paraje inédito que habría quedado mejor en su secreto sin verse hoy degradado con chiringuitos, pistas, toterrenos y un Centro de Interpretación del Medio (o del cuarto, es lo que queda).

Y ocurre que, al final, si el turismo vuelve (de eso se trata), no será tanto por lo natural o histórico del sitio, como por el trato, el calor humano, esa hospitalidad alegre tan escasa en este reino del «al ave de paso, cañazo».... o sea, menos folleto y más tacto.

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