‘Libertad de esclavas’: la mujer en la prensa de León
Los anuncios publicitarios y la información sobre la mujer durante más de medio siglo muestran la imagen determinista que en León había del papel que la mujer tenía en la sociedad

cristina fanjul | león
Esperanza García. El hombre mujer. El 16 de noviembre de 1906 Diario de León informa en primera página y con ilustración gráfica de una mujer que había ingresado en el asilo de Santa Cristina como trabajador. «...Y allí se ha descubierto la superchería de la joven Esperanza», dice la noticia, que incluye también el caso del guardia-mujer de Sevilla, y que, sin embargo, no ofrece dato alguno de esta mujer, ni su edad, ni su condición social, ni las razones que le llevaron a vestir y simular ser un hombre. El ‘suceso’ no resulta noticioso al editor más allá de la curiosidad. Por ello, se ilustra con una imagen de Esperanza como mujer y la recreación de cómo debió de parecer en su vida como varón. Eso sí, queda claro que una noticia de esta entidad se usa por el periodista para reprobar el comportamiento por el encabezamiento de la información: «Un poeta de reconocida fama, Sinesio Delgado, dijo en cierta ocasión: Algo en ello debe haber; las hembras dieran por ser varones el alma entera y no hay hombre que quisiera haber nacido mujer»...
La prensa es una de las mejores maneras de pulsar la imagen y el lugar que la sociedad ha dado a la mujer. Pasando los años de más de un siglo de Diario de León puede hacerse un tratado de antropología social.
Durante la primera década del siglo pasado, la cabecera tan sólo se preocupa de las mujeres para referirse a su carácter de madre y, sobre todo, con un fin meramente pedagógico. Las mujeres aparecen siempre en relación al hombre y con el objetivo de subrayar sus ‘deberes’: «La mujer es un talismán del hombre, el anhelo de su esperanza», destacaba el columnista José Palacios.
El periódico se convierte durante los años veinte en un catalizador de la moral de la Iglesia y dedica páginas enteras a defender la visión que la doctrina de la Iglesia tiene para ella: «¿Cuándo la mujer está instruida y preparada debe disputar al hombre los cargos que desempeña para poder emanciparse de él? Creo que no», dice tajante Clodoaldo Velasco, Magistral de la Catedral. El dos de diciembre de 1931 Diario de León abría la primera página con un título a cinco columnas en el que se informaba de la aprobación en las Cortes del sufragio femenino. Sin embargo, el titular era Se hundió la enmienda del señor Peñalba contra el voto femenino.
Siguiendo en la misma época, un diputado (la información no dice cuál) se refiere a la defensa que Victoria Kent hizo del divorcio con el siguiente titular: Libertad de esclavas. El subtítulo era meramente informativo: Sólo ganarían las que no merecen ser madres ni esposas....
En la revolución hippy
El periódico desembarca en los años sesenta y casi todo sigue igual. Hasta el punto de que se crea una sección en la que bajo el epígrafe de La mujer y el hogar se publican por igual novedades sobre moda y belleza que noticias de política y empresa que al redactor le deben parecer inauditas. ‘Una red de pescador convertida en bolsa playera’, consejos acerca de cómo y cuándo llorar — «cualquier mujer que domine más o menos el arte de pescar marido conoce que el mejor método para convencer a un hombre es prorrumpir en lágrimas»—, información sobre la mejor manera de cuidar el cabello o la moda del dos piezas conviven con noticias ‘de alcance’. El 29 de mayo de 1969 Alfonso Zapater informa del nombramiento como gerente de una empresa metalúrgica de Natividad de Carreras. El subtítulo deja clara la opinión del redactor: ‘Tiene a su cargo 227 obreros y no sabe de conflictos laborales’.
Ese mismo año, se califica a la primera ministra de Israel, en la misma sección de La mujer y el hogar, de abuela testaruda. Asimismo, se reconvierte la información sobre la sucesión de De Gaulle en producto del papel couché y se hace un ‘inventario’ de las características de las mujeres de Alain Poher, Georges PoMpidou y Gaston Deferre. De ninguna de ellas se cuenta nada —edad, formación o carrera profesional— a no ser la influencia que tienen sobre los presidenciables. Es decir, como ocurría a principios del siglo pasado, la mujer sigue existiendo tan sólo por referencia al hombre.
